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El fracaso de Nuri al-Maliki ante las necesidades médicas de Iraq

10 diciembre, 2012

uruk.info, 22 de noviembre de 2012

Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Nadia Hindi

Iraq está trayendo profesionales sanitarios -enfermeras, médicos y técnicos- de la India y de otros lugares en un periodo de gran desempleo en el país, ya que Nuri al-Maliki es aparentemente demasiado estúpido, después de seis años como primer ministro, como para promocionar la carrera médica, lo cual no es difícil de lograr en Iraq.

Hay muchos estudiantes brillantes graduándose, y muchos otros que se graduaron hace algún tiempo en busca de un empleo, y habría billones de dólares de dinero público con los que poder maniobrar si el gobierno dejase de robárselos al pueblo iraquí. 

Antes del comienzo de la guerra ilegal en 2003, el problema de Iraq no era la falta de profesionales en la medicina sino una falta de actualización del equipo médico. La guerra tuvo como resultado la concesión de cargos de responsabilidad a matones por parte del gobierno de EEUU, y lo que un día fue una sociedad progresista de Oriente Medio se convirtió en peligrosa y represiva, produciendo lo que la prensa llama “fuga de cerebros”. Fue entonces cuando un gran número de profesionales abandonaron el país para siempre, incluso, antes de la limpieza étnica de 2006 y 2007 la cual forzó aún más la huida. En este sentido, los médicos han sido objeto específico de la violencia forzando más si cabe su exilio.

Iraq no sólo necesita un programa que integre a los iraquíes en la formación médica y de forma rápida, sino también que sus líderes empiecen a mostrar un poco de respeto por la ciencia. Esto significaría emprender un camino de largo recorrido que genere un cambio del clima en Iraq donde los médicos de varias provincias demandan repetidamente protección a los consejos provinciales (el gobierno central de al-Maliki proporciona 30 guardaespaldas a cada miembro del parlamento, en cambio, médicos y enfermeros/as no tienen ningún tipo de protección). Los asesinatos de médicos se siguen sucediendo tal como informan varias agencias de noticias como el anuncio del pasado 22 de noviembre en Alsumaria del asesinato de un médico en una clínica en la que se prendió fuego al norte de Bagdad.

Sobre las cuestiones médicas, el gobierno podría haber formado a enfermeros/as en menos de dos años. Hay muchos iraquíes inteligentes que aprovecharían la posibilidad de una verdadera formación que les garantice un trabajo. El gobierno debería haber instituido programas acelerados para hacer frente a esta necesidad. En cambio, está trayendo a extranjeros cuando la tasa de desempleo oficial de Iraq, de acuerdo con la CIA, se sitúa en el 15% [1], y en más del 20% de jóvenes adultos según la ONU. Ante estas cifras, el gobierno no hace nada para atraer a los iraquíes a los empleos bien remunerados, de modo que se está creando una animosidad que reproduce la violencia en un contexto donde incluso los trabajadores contratados en puestos bajos, como los filipinos empleados en los hoteles, han estado en el punto de mira a lo largo de la guerra.

Cuando al-Maliki se instaló en el poder por primera vez en 2006 de manos del gobierno de EEUU, “la fuga de cerebros” ya era un término ampliamente utilizado en los medios. Al-Maliki ha tenido seis años para encarar este problema, sin embargo, su manera de ‘resolverlo’ no es proporcionar formación a los iraquíes sino ofrecer empleo a las personas que viven en otros países.

1.- Este porcentaje representa la tasa oficial de desempleo presentada por el Ministerio de Planificación de Iraq. Teniendo en cuenta los resultados de una investigación de 2011 sobre la percepción negativa del desarrollo económico del país que asciende de un 20% en 2010 a un 37% en 2011, se presume que la realidad del desempleo es mucho más acuciante tal como han demostrado diversos estudios de la sociedad civil a lo largo de los años de la ocupación y las protestas semanales contra la aniquilación de servicios básicos, la corrupción y la escasez del empleo, etc. Véase Nicole Naurath: “La percepción negativa de la economía está generalizada en Iraq“, en IraqSolidaridad, 26 de septiembre de 2011; IRIN News: “Iraq: El desempleo juvenil lleva a la emigración“, en IraqSolidaridad, 25 de julio de 2011; Zaid al-Ali: “La catástrofe económica de Iraq: la corrupción y la mala administración están detrás de la quiebra de la economía“, en IraqSolidaridad, 12 de abril de 2005.

Texto original

El principio de precaución puesto en práctica. Contra la aceptación de las armas de uranio empobrecido

13 noviembre, 2012

Coalición Internacional para la Prohibición del Uranio Empobrecido, 1 de octubre de 2012
IraqSolidaridad

Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Nadia Hindi y Paloma Valverde
Edición: IraqSolidaridad

La traducción que presentamos a continuación es un resumen realizado por los autores de su propio informe, el cual va dirigido a los responsables políticos y activistas y valora la aceptabilidad de las armas de uranio empobrecido mediante las interpretaciones más comunes del principio de precaución. Se plantea si el criterio de precaución debe aplicarse al uranio empobrecido y si su uso podría ser compatible con los valores de precaución.
[El texto completo en inglés, en formato pdf, está disponible aquí]
IraqSolidaridad

Bombas de racimo

Bombas de racimo

Introducción
Las armas de uranio empobrecido han supuesto una controversia añadida a los arsenales de armas convencionales desde que se iniciara su desarrollo con la Guerra Fría. En los últimos años la oposición a su uso ha variado en intensidad, aunque esta oposición ha tendido a estar estrechamente relacionada con el despliegue de las armas de uranio empobrecido en los conflictos bélicos. Sin embargo, a lo largo de todo este periodo ha quedado claro —gracias a los debates parlamentarios y, más recientemente, a los proyectos de ley, mociones y resoluciones adoptadas— que el uso de munición con uranio empobrecido es, para la mayoría de las personas, esencialmente inaceptable.

La estigmatización de las armas inhumanas e inaceptables ha sido clave para extender el alcance de los tratados internacionales que prohíben las minas antipersona y las bombas de racimo. Sin embargo, mientras el uranio empobrecido ha mostrado, hasta cierto punto, como un arma autoestigmatizada — las pruebas de ello han quedado claramente demostradas por las enérgicas estrategias promocionales de sus defensores—, la dificultad de establecer una relación causal entre su utilización y las consecuencias en los seres humanos requiere un enfoque diferente al que se ha aplicado históricamente a las armas explosivas para poder juzgar su aceptabilidad.

A lo largo de los últimos tres años, la Coalición Internacional para la Prohibición del Uranio Empobrecido (ICBUW en sus siglas en inglés) ha aplicado el enfoque preventivo sobre diferentes aspectos de lo que sigue siendo un problema complejo: desde lo que se sabe sobre el uranio empobrecido como material y cómo se regula en tiempos de paz, hasta cómo y dónde se utiliza en los conflictos, cómo se gestiona tras la finalización de los conflictos y, lo más importante, los cálculos de costes y beneficios con relación a su utilización.

El objetivo de este informe es analizar los resultados de la investigación de la ICBUW sobre la prevención, así como, ese es nuestro deseo, proporcionar a los legisladores medios accesibles para valorar la aceptación del uso del uranio empobrecido en las armas convencionales.

¿Un papel para la prevención?
“[...] Cuando una actividad representa una amenaza dañina para la salud del ser humano o del medio ambiente, las medidas cautelares se deben tomar a pesar de que algunas relaciones de causa y efecto no estén completa y científicamente establecidas.”Comisión Europea.

Desde el principio, la ICBUW ha considerado que cualquier enfoque preventivo exigiría una evaluación exhaustiva de las propiedades del uranio empobrecido, la naturaleza de su utilización en los conflictos y las limitaciones en la gestión de la contaminación tras el conflicto. Además, considerábamos que las indicaciones de las líneas a seguir debían derivar de una evaluación crítica del coste sobre la población civil y sobre los gobiernos afectados, así como de los beneficios que los ejércitos reclaman por su utilización.

Ejemplos tomados del Derecho medio ambiental, del Derecho humanitario internacional y de la Convención sobre municiones de racimo demuestran que, aunque en el mundo no se ha aceptado legalmente ninguna interpretación del principio de prevención, el pensamiento y los enfoques de prevención se han generalizado en los ámbitos pertinentes y en los campos relativos a la ley y a las normas.

En tiempos de paz, el punto de vista preventivo es ahora la norma para reducir la exposición del hombre a las sustancias peligrosas. A medida que el legado del uranio empobrecido perdura más allá del final de los conflictos, es razonable sugerir que tal enfoque está justificado de cara a proteger la salud humana. Sin lugar a dudas también se pueden extraer lecciones de cómo los gobiernos gestionarían las emisiones de uranio empobrecido a gran escala en virtud de sus propios marcos normativos nacionales.

La ICBUW considera que actualmente se dispone de las suficientes pruebas para ir más allá del umbral de lo plausible, es decir, que a pesar de que puedan quedar ciertas dudas, se conoce lo suficiente acerca de la naturaleza de los riesgos potenciales para la población civil y de los costes de la no actuación, para apoyar la adopción de un enfoque preventivo.

La ICBUW no es la única que aboga por enfoque basado en la prevención. La Royal Society de Reino Unido propuso una serie de medidas preventivas en respuesta a las dudas científicas que surgieron a raíz de la detallada investigación sobre los potenciales efectos del uso de uranio empobrecido en la salud. Del mismo modo, el Programa medio ambiental de Naciones Unidas, tras su investigación en las zonas de los Balcanes en las que se atacó con uranio empobrecido, hizo un llamamiento específico para llevar a cabo una labor preventiva mediante programas de sensibilización sobre los riesgos y la descontaminación. En 2010, en un informe dirigido al Secretario general de Naciones Unidas, se volvió a realizar el mismo llamamiento. La OMS también publicó una serie de directrices preventivas de cara a reducir los riesgos para la población civil en las zonas en las que se ha utilizado uranio empobrecido.

Efectos del uranio empobrecido. (Dr. Jenan Hassan)

Efectos del uranio empobrecido. (Dr. Jenan Hassan)

¿Es un peligro el uranio empobrecido?
“[...] el Ministerio de Defensa [británico], basándose, entre otros, en los informes de la Royal Society, no considera que el uranio empobrecido sea ‘seguro’. Es peligroso (considerando la distinción aceptada entre salud y seguridad y los conceptos de peligro y riesgo)”. Dr. Liam Fox, Ministro de Defensa del Reino Unido, 2011.

La toxicidad química y la radioactividad del uranio empobrecido se reconocen como peligrosas cuando se combinan con su tendencia a la combustión y a formar partículas de un tamaño que hacen que se inhalen en la respiración. El uranio empobrecido se ha estudiado en profundidad y se han llevado a cabo gran cantidad de investigaciones —muchas de ellas a cargo de los militares estadounidenses— que indican que el uranio empobrecido puede tener un impacto sobre la salud gracias una variedad de diferentes mecanismos químicos y de radiación inducida. Gran parte de estas investigaciones son posteriores a la muy citada monografía de la OMS sobre los riesgos del uranio empobrecido y al estudio de la Royal Society de Reino Unido.

Al ser desechos radioactivos de nivel medio, su almacenamiento, uso, transporte y eliminación está muy regulado en tiempos de paz. Las normas civiles de protección frente a la radiación intentan evitar, siempre que sea posible, exposiciones innecesarias así como que cualquier exposición debe estar justificada sobre la base de unos beneficios mayores.

A través de programas de sensibilización sobre los riesgos y llevando a cabo el control sanitario necesario, el ejército ha adoptado un punto de vista preventivo para evitar las exposiciones innecesarias al uranio empobrecido. Quienes están en relación con el uranio empobrecido se enfrentan a retos considerables cuando se ven obligados a actuar dentro de las regulaciones sanitarias y medio ambientales en tiempos de paz.

Por lo tanto, parece que la naturaleza intrínsecamente peligrosa del uranio empobrecido está aceptada, y que su dispersión descontrolada o accidental en el medio ambiente se considerada de manera generalizada como algo no deseado.

Descontrolado e impredecible. Factores que influyen en los riesgos para la población civil por el uso del uranio empobrecido
“[...] En las guerras las circunstancias varían enormemente y son tan indefinibles que hay que valorar una amplia gama de factores, especialmente a la luz de las simples probabilidades”.Carl von Clausewitz.

El uso del uranio empobrecido conlleva dudas significativas, y a pesar de que su resolución sea improbable, algunas de ellas se pueden evitar, —por ejemplo, la oportuna publicación de los datos buscados o evitar el uso del uranio empobrecido en zonas civiles— aunque la mayoría de estas dudas tienen más que ver con la propia naturaleza de las armas y su modo de utilización. Esto provoca una gran variabilidad en los riesgos probables en los diferentes lugares en los que se han producido ataques con uranio empobrecido, lo que plantea el riesgo de afirmaciones generalistas, que a menudo se esgrimen con el fin de desechar los temores respecto a la contaminación por uranio empobrecido, y subrayan la importancia de la recopilación de datos específicos y el análisis de los riesgos en cada zona.

La reciente utilización del uranio empobrecido ha sido en zonas pobladas, lo que ha provocado que los civiles tengan que enfrentarse a la contaminación provocada por armas diseñadas para escenarios militares muy distintos. El hecho de que no haya mecanismos internacionales establecidos para financiar y llevar a cabo los trabajos de limpieza del terreno, reafirma el hecho de que los civiles se enfrentan a un mayor riesgo de exposición. El temor a la radiación, particularmente cuando existe un vacío de información o falta de confianza, aumenta la probabilidad de politización del uso de uranio empobrecido que, a su vez, reduce la probabilidad de que se pueda realizar una campaña efectiva de sensibilización sobre los peligros que entraña. Incluso en las raras ocasiones en las que la contaminación con uranio empobrecido se gestiona adecuadamente, el legado psicológico que deja perdurará en las comunidades afectadas.

La liberación descontrolada de uranio empobrecido en situaciones de conflicto no sólo viola las normas de protección frente a la radiación, sino que además representa un desafío para los ‘diseñadores’ de riesgos. El riesgo de la exposición civil a los residuos de uranio empobrecido se incrementa notablemente por factores que, en cierta medida, son constantes en el medio ambiente del postconflicto. La capacidad institucional, la experiencia técnica, el disponer de equipos de análisis, los recursos económicos limitados y una serie de problemas medio ambientales y sanitarios compiten en importancia; todos ellos suponen retos para los intentos de remediar de manera segura la contaminación con uranio empobrecido y la aceptación de su uso.

Cuantificar el riesgo y dar respuesta a las dudas
“[…] La falta de pruebas científicas sobre la existencia de una relación de causa-efecto, una relación cuantificable entre dosis-respuesta o una evaluación cuantitativa de la probabilidad de la aparición de efectos adversos tras la exposición, no se debe utilizar para justificar la falta de acción. Comisión Europea.

Los requerimientos actuales para mantener la aceptación de las municiones recubiertas uranio empobrecido han tenido como resultado la proyección de un punto de vista simplista respecto a los peligros que sobre la salud representa el uranio empobrecido.

Los datos sobre la toxicidad química del uranio están ilustrados con muchos estudios anteriores al desarrollo de los métodos analíticos modernos. La misma ciencia de la toxicología está actualmente en situación de renovación, puesto que pretende aportar datos más complejos y detallados sobre las sustancias. Del mismo modo, los avances recientes en la comprensión de los medios por los cuales la radiación interactúa con los procesos celulares y los mecanismos de reparación han puesto de manifiesto que el modelado de la dosis estimada y de los límites seguros de exposición a la radiación interna están cargados de incertidumbre. En gran medida resulta sorprendente cómo desde el descubrimiento de la radiación los límites establecidos de exposición [máxima] se han ido reduciendo. Aunque hayan sido políticamente útiles para enviar un mensaje claro sobre la seguridad del uranio empobrecido, la ciencia no los apoya.

Las dudas y las lagunas en los datos necesarios para llevar a cabo una evaluación detallada de los riesgos del uranio empobrecido para los civiles parecen haberse traducido en la caracterización precisa del riesgo imposible. Como resultado, hay razones de peso para pensar que se ha sobrepasado el umbral de precaución.

Así como la incertidumbre sobre la caracterización precisa de los riesgos no se debe utilizar para justificar la falta de actuación, los usuarios no deben interpretar la ausencia de datos epidemiológicos detallados en Iraq y en otros lugares para apoyar el uso actual de las armas con uranio. Los Estados que utilizan uranio empobrecido raramente mencionan la complejidad de este tipo de estudios pero les son muy familiares a los médicos e investigadores que han buscado la verdad sobre el daño potencial que las municiones de uranio empobrecido provocan a los civiles.

Costes y beneficios
“[…] El análisis de los pros y los contras no se puede reducir a un análisis económico de los costes y beneficios. El alcance es mucho más amplio e incluye consideraciones no económicas. [...] La protección de la salud pública debería, sin lugar a dudas, tener un peso mucho mayor que las consideraciones económicas.” Comisión Europea.

Un análisis de los costes y los beneficios del uso del uranio empobrecido considera la utilidad de las armas lanzadas contra la salud, la carga psicológica y de gestión que imponen a los Estados afectados, los costes del ciclo de vida asociado con la fabricación, el desarrollo y las pruebas y, finalmente, la aceptación pública de la utilización de materiales radiactivos en armas convencionales estratégicamente exagerada.

La práctica de los Estados y las recientes decisiones de contratación, parecen apoyar la afirmación de que su utilidad se ha exagerado, debilitando así la justificación principal promovida por los Estados para apoyar el uso del uranio empobrecido. Contrariamente a las esperanzas de quienes utilizan el uranio empobrecido, la aceptación del público respecto a esta sustancia no ha aumentado con el tiempo, una tendencia que no es probable que cambie mientras se llevan a cabo más trabajos para documentar su legado en los Estados afectados y se realizan más investigaciones sobre la interacción del uranio empobrecido con el cuerpo humano.

A pesar de que los ejércitos de Estados Unidos y el Reino Unido parecen haber aprendido algunas lecciones a raíz de las preocupaciones sobre las potenciales consecuencias del uso de uranio empobrecido en la salud de las tropas y de la población civil, sería ingenuo esperar que esas lecciones se tomen en cuenta en las decisiones futuras sin presión externa que les exija hacerlo, ya sea una presión política o una obligación legal.

¿La precaución puesta en práctica?
“[…] Si en la Conferencia de Armas de 1979 se hizo una propuesta para la prohibición del uso de uranio empobrecido debería haber margen para considerar si debemos proponer, como alternativa, restricciones en el uso de dichas municiones [...] Las dificultades, en términos de verificación, de una propuesta de este tipo son, por supuesto, considerables. Oficina de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth del Reino Unido.

Los problemas descritos a lo largo de este informe son intrínsecos a la naturaleza del uranio empobrecido y a su modo de utilización en las armas, por lo tanto no hay soluciones tecnológicas rápidas que podrían resolverlos. Los modelos de los enfoques preventivos que se sugirieron en el pasado ponen demasiado peso en las opiniones legales y en los controles voluntarios sobre el comportamiento adecuado, lo que la práctica estatal anterior sugiere que serviría de poco para limitar los problemas más graves asociados con el uso de uranio empobrecido. Una regulación más estricta podría ser una posible vía a explorar, pero esto requeriría un nivel de transparencia que, hasta ahora, no ha existido.

Por lo tanto, es razonable concluir que una moratoria voluntaria, que aunque potencialmente útil como parte de un proceso para la futura estigmatización de las armas de uranio empobrecido, no sería lo primordial en medidas de prevención, a pesar de una prohibición mundial del uso de uranio en todas las armas convencionales.

Como tienen mucho que perder con la prohibición de las armas de uranio empobrecido, es comprensible que históricamente los ejércitos hayan intentado influenciar al máximo en la discusión sobre su aceptabilidad. Sin embargo, esta es una situación moralmente insostenible, ya que es poco probable que quienes utilicen el uranio empobrecido entreguen voluntariamente un medio de guerra que consideran valioso. Sin embargo, cuando esas armas afecten de manera abrumadora a todos aquellos que no son parte en un conflicto, y les siga afectando mucho después del cese de las hostilidades, ello planteará cuestiones de aceptación moral y política; preguntas que aquellos que tienen un interés creado en mantener las armas de uranio empobrecido no están en situación de responder.

El uranio empobrecido es un asunto complejo y polémico. Sin embargo, para todos los argumentos científicos y técnicos hay un principio muy simple en juego: ¿Es políticamente aceptable en una guerra convencional lanzar grandes cantidades de un metal pesado, químicamente tóxico y radiactivo, que la mayoría de las personas reconoce como peligroso?

A lo largo de nuestra investigación sobre uranio empobrecido, la ICBUW ha sido consciente de la aparición de un área temática más amplia relacionada con el impacto humanitario y medio ambiental del legado tóxico de las actividades militares, lo que ha incluido los medios a través de los cuales los componentes se evalúan respecto al comportamiento tóxico y medio ambiental antes de su uso, el papel de los enfoques preventivos para la salud de la población civil debido a las limitaciones en el control e intervención posterior a los conflictos y la asistencia; la necesidad de una capacidad analítica y de soluciones por parte de los expertos para gestionar los restos tóxicos de la guerra y, por último, un reconocimiento de la responsabilidad estatal respecto al legado medio ambiental y sobre la salud debido a las sustancias tóxicas liberadas o abandonadas durante el conflicto. La aceptación por parte de los Estados de la necesidad de resolver estos asuntos podría ser un resultado positivo en el desarrollo y utilización de las municiones de uranio empobrecido.

Recomendaciones
1. Adoptar una política preventiva
Basándose en el potencial dañino sobre la población civil, el uso histórico de municiones de uranio empobrecido en zonas civiles y contra los bienes de carácter civil, y los costes y las dificultades técnicas inherentes a su solución, los Estados deberían apoyar los llamamientos para adoptar una política preventiva respecto a las armas de uranio empobrecido y considerar seriamente la posibilidad de una moratoria voluntaria de su uso.
2. Una mayor comprensión del daño que recae en la población civil
Puesto que el daño está perfectamente documentado, los Estados deben reconocer que los riesgos para la población civil debido al uso de las municiones [con uranio empobrecido] no se limitan a los riesgos de explosión. El control de la salud y el legado medio ambiental de las sustancias tóxicas y radiactivas es un reto, por lo tanto, las soluciones de deben buscar en la prevención sanitaria y en las normativas nacionales vigentes de protección medio ambiental.
3. Proporcionar asistencia técnica y humanitaria
Los usuarios de uranio empobrecido y los Estados afectados deben reconocer su obligación de proteger a los civiles del legado del uranio empobrecido tras el conflicto. Una mayor transparencia respecto a dónde se han utilizado las armas y en qué cantidad, es de la máxima urgencia como un primer paso hacia la aplicación de medidas globales para la reducción de los riesgos y la descontaminación. La comunidad internacional debería prestar ayuda técnica y económica a los Estados afectados, tanto para los programas de salud como para ayudar en la evaluación y en la gestión eficaz de los materiales contaminados.
4. Evaluación de otros materiales y prácticas
Como parte del desarrollo de un marco normativo para la protección de los civiles durante y después de las situaciones de conflicto, los Estados deberían considerar una gama más amplia de materiales militares y prácticas que pueden provocar la contaminación del medio ambiente y cuyo legado perdura más allá del cese de las hostilidades. También se deben de tener en cuenta los mecanismos para financiar y llevar a cabo evaluaciones sobre el impacto medio ambiental, el control de la salud y la búsqueda de soluciones para restos tóxicos tras la guerra.
5. Acelerar la eliminación del uranio empobrecido y considerar los mecanismos necesarios para su prohibición
Si, como parece evidente, el uso de munición de uranio empobrecido se opone tanto a la aceptación pública como a la salud y a las normas de protección radiológica, los Estados deberían acelerar la eliminación de sus arsenales y considerar mecanismos mediante los cuales se prohíba formalmente su uso en armas convencionales.

Texto original en inglés disponible aquí

Estados Unidos destruyó deliberadamente el sistema de canalización de agua de Iraq

25 septiembre, 2012

Traducido para IraqSolidaridad por Nadia Hindi

Global Research, 29 de agosto de 2001

Este documento que reproducimos a continuación fue escrito hace casi 12 años pero su terrible vigencia nos ha impulsado a reproducirlo nuevamente. Este artículo demuestra en base a documentos oficiales estadounidenses cómo ese país deliberadamente pretendió con las sanciones (y después con la guerra) diezmar a la población iraquí con una muerte lenta y de máximo sufrimiento para los niños iraquíes: la imposibilidad de que la población iraquí dispusiera de agua potable. Veinte años después del inicio de las sanciones criminales contra Iraq, la población sigue muriendo por falta de agua potable.
IraqSolidaridad, 2 de septiembre de 2012

“El primer documento ‘Defectos del sistema de tratamiento de agua iraquí’, data del 22 de enero de 1991. Habla de cómo las sanciones impedirán a Iraq suministrar agua potable a su población.”

Thomas J. Nagy

Global Research, 29 de agosto de 2001

En septiembre de 2001, Thomas Nagy, reveló la existencia de documentos de los servicios secretos estadounidenses que “[…] demostraban más allá de toda duda que en contravención de las Convenciones de Ginebra, el gobierno estadounidense, de forma intencionada, utilizó las sanciones contra Iraq para destruir el sistema de canalización de agua tras la Guerra del Golfo.

“[…] Estados Unidos sabía el coste que los civiles iraquíes, especialmente los niños, pagarían y, de todas maneras, siguió adelante. El 12 de mayo de 1996 se dieron a conocer algunas de las espantosas consecuencias de esta política, cuando el programa 60 minutos de la CBSNews informó de que alrededor de medio millón de niños iraquíes habían muerto como consecuencia de las sanciones impuestas por Estados Unidos. Este hecho llevó a la infame respuesta que dio Madeleine Albright, la entonces secretaria de Estado, ante la pregunta “¿Mereció la pena?” Su respuesta fue: “[…] Creemos que el precio ha merecido la pena”. Con posterioridad, Albright pidió disculpas, no por la política asesina, de la cual ella misma era parcialmente responsable, sino por el hecho de que su respuesta ante la pregunta mencionada “[…] agravó nuestros problemas de relaciones públicas” en Oriente Próximo.

La reacción en Estados Unidos fue que su comentario “[…] no se tomó en cuenta”. Subsiguientemente en 2003, Estados Unidos invadió Iraq utilizando la estrategia de “rápido dominio” (más conocida como operación ‘Conmoción y Pavor’). El objetivo de esta estrategia era “paralizar” al enemigo, seguir con la destrucción de “[…] los medios de comunicación, el transporte, la producción de alimentos, la canalización de aguas y otros aspectos de la infraestructura”. Uno de los objetivos de la campaña de bombardeos que llevó a la invasión de Iraq fue la red eléctrica, lo que supuso la imposibilidad de que el país potabilizara el agua. [1]

Este relevante estudio, realizado por el profesor Nagy, estuvo entre los primeros artículos que Global Research publicó. Formaba parte del lanzamiento del sitio web. El artículo data del 29 de agosto de 2001.

El primer documento “Defectos del sistema de tratamiento de agua iraquí”, que data del 22 de enero de 1991, habla de cómo las sanciones impedirán a Iraq suministrar agua potable a su población.

Iraq depende de la importación de equipamiento especializado y de algunos productos químicos para potabilizar el agua, un agua altamente mineralizada y con frecuencia casi salina”, indica el documento. “[…] Sin disponer de suministros nacionales, tanto para el tratamiento de agua como para reponer algunos productos químicos esenciales, Iraq seguirá intentado violar las sanciones de Naciones Unidas para importar productos esenciales. El no tener asegurado el suministro de estos productos provocará que la mayor parte de la población no tenga agua potable lo que, a su vez, provocará el aumento de las enfermedades, sino una epidemia.

El documento da a conocer una gran cantidad de detalles técnicos sobre las fuentes y las reservas de agua de Iraq. La calidad del agua no tratada “[…] por lo general es pobre”, y beber ese agua “[…] podría producir diarrea”, afirma el informe, el cual señala que los ríos de Iraq “[…] contienen materiales biológicos, contaminantes y están llenos de bacterias. A menos que se purifique el agua con cloro, se podrían producir epidemias de enfermedades tales como cólera, hepatitis y tifus”.

El documento señala que la importación de cloro “[…] está sujeta a embargo” debido a las sanciones. “[…] Informes recientes indican que las reservas de cloro son extremadamente bajas”.

La alimentación y los medicamentos también resultarán afectados, afirma el documento. “[…] Las plantas de procesamiento de alimentos, de componentes electrónicos y, particularmente las farmacéuticas, precisan de agua extremadamente pura, es decir libre de cualquier contaminante biológico”, afirma el informe.

El documento indica las posibles contramedidas que Iraq podría adoptar para la obtención de agua potable, a pesar de las sanciones.

Lógicamente, Iraq podría llevar agua desde las reservas en las montañas hacia las zonas urbanas, pero la capacidad de obtener cantidades significativas “[…] es extremadamente limitada”, según afirma el documento. “[…] La cantidad de tuberías disponible, y la carencia de estaciones desde donde bombear el agua, limitarían la construcción de tuberías hasta esas reservas. Además, sin una debida purificación con cloro, el agua contendría contaminantes biológicos. Algunos acaudalados iraquíes podrían cubrir sus necesidades mínimas de agua de buena calidad proveniente de las fuentes de agua del norte de Iraq. Si se hierve, el agua se puede consumir con seguridad. Los iraquíes más pobres y las industrias que requieren una gran cantidad de agua depurada no serían capaces de cubrir sus necesidades.

El informe también indica la posibilidad de que los iraquíes utilicen el agua de la lluvia. Las precipitaciones suceden en Iraq durante el invierno y la primavera, pero eso ocurre básicamente en las montañas del norte, afirma el informe. Lluvias esporádicas, a veces lluvias fuertes, caen sobre las planicies, pero Iraq no puede depender de la lluvia para tener agua potable.

Como alternativa, Iraq podría intentar convencer a Naciones Unidas o a determinados países para que los productos de tratamiento de agua queden exentos de las sanciones por razones humanitarias, señala el documento. Es probable también que Iraq intente comprar suministros  utilizando a países amigos como escudo. Si estos intentos fracasan, las alternativas de Iraq no serían suficientes para cubrir las necesidades nacionales.

Con palabras crudas, el documento detalla lo que le aguarda al país: “[...] Iraq sufrirá una creciente escasez de agua potable debido a la falta de productos químicos necesarios y de membranas de desalinización. Probablemente haya incidencias de enfermedades, incluidas posibles epidemias, a menos que la población tenga cuidado de hervir el agua”.

El documento ofrece un calendario para la destrucción de la canalización de agua de Iraq. “[...] En general, la capacidad de Iraq de tratamiento del agua sufrirá un lento declive, en lugar de una parada brusca” y añade “[...] aunque Iraq ya está experimentando una pérdida de su capacidad del tratamiento de agua, es probable que lleve al menos seis meses (hasta junio de 1991) para que el sistema esté destruido al completo”.

Este documento, que no fue publicado en 1995, a pesar de estar parcialmente desclasificado, se puede encontrar en la página web del Pentágono.

Di a conocer este documento el pasado otoño, sin embargo, los medios de comunicación le prestaron poca atención. Los únicos periodistas, de los que yo tengo conocimiento, que han escrito extensas crónicas basadas en el documento son Felicity Arbuthnot, quién reveló el caso en el Sunday Herald of Scotland y Charlie Reese de Orlando Sentinel quien hizo el seguimiento).

Recientemente me he encontrado con otros documentos de la DIA [2] que confirman el seguimiento del Pentágono de la destrucción de la canalización de agua en Iraq. Estos documentos no han sido publicados hasta ahora.

El primer informe de este lote de documentos se denomina “Información de enfermedades” también con fecha del 22 de enero de 1991. La parte superior dice:

“Asunto: efecto del bombardeo sobre la presencia de enfermedades en Bagdad. El análisis es contundente. El aumento de enfermedades es atribuible a la degradación de la medicina preventiva, de la eliminación de residuos, de la purificación y distribución del agua y de la electricidad además de a la disminución de la capacidad del control de los brotes de enfermedades. Cualquier área urbana de Iraq que haya estado expuesta a daños en la infraestructura de canalización de agua sufrirá problemas similares”.

A continuación, el documento procede a detallar los posibles brotes. Menciona “diarrea aguda” provocada por bacterias tales como E. coli, shigella y salmonella o por protozoos tales como la giardia que afectarían “especialmente a los niños” o por el rotavirus que también afectaría “especialmente a los niños”, frase que resaltan entre paréntesis. También cita la posibilidad de “brotes de fiebre tifoidea y el cólera”.

El documento advierte que el gobierno iraquí puede “culpar a EEUU por problemas de salud pública a causa del conflicto militar”.

El segundo documento de la DIA “Brotes de enfermedades en Iraq” tiene fecha del 21 de febrero de 1990, pero el año es claramente un error tipográfico ya que debería ser de 1991. Dice lo siguiente:

“[...] Las condiciones son favorables a los brotes de enfermedades contagiosas, especialmente en grandes áreas urbanas afectadas por los bombardeos de la Coalición” y añade “[...] La prevalencia de enfermedades infecciosas en las principales zonas urbanas iraquíes objeto de los bombardeos de la Coalición (Bagdad, Basora) ha aumentado sin dudas desde el inicio de la Tormenta del Desierto… Los problemas de salud pública actuales son atribuibles a la reducción de la medicina preventiva normal y a la reducción de la eliminación de residuos, depuración y distribución del agua, electricidad, además de la disminución de la capacidad de control de los brotes de enfermedad”

Este documento enumera las enfermedades con más probabilidad de aparecer durante los próximos 60 y 90 días (orden descendente): las enfermedades diarreicas (especialmente en niños); enfermedades respiratorias agudas (resfriados y gripe); fiebre tifoidea; hepatitis A (especialmente en niños); sarampión; difteria; tos ferina (especialmente en niños); meningitis, incluida la meningocócica (especialmente en niños) y cólera (menos probable).

Al igual que el documento anterior, éste advierte que el gobierno iraquí podría “[...] hacer propaganda del aumento de las enfermedades endémicas”.

El tercer documento de esta serie, “Los problemas médicos en Iraq”, tiene fecha del 15 de marzo de 1991 y dice así:

“[…] Las enfermedades contagiosas en Bagdad están más extendidas de lo que suele apreciarse durante esta época del año y tiene su relación en las malas condiciones sanitarias (canalización de agua contaminada y una eliminación de aguas residuales inadecuada) como resultado de la guerra. De acuerdo con UNICEF y el informe de la Organización Mundial de la Salud, la cantidad de agua potable es inferior al cinco por ciento del suministro inicial. No hay agua operativa ni plantas de tratamiento de aguas residuales, y la incidencia de la diarrea es cuatro veces superior a los niveles normales. Asimismo, las infecciones respiratorias van en aumento. Los niños en particular se han visto afectados por estas enfermedades.”

Quizás, para ilustrarlo en más detalle, el documento prosigue:

“[…] Hay indicios de que la situación está mejorando y de que la población está haciendo frente a las malas condiciones”, pero añade “[...] las condiciones en Bagdad siguen siendo favorables a los brotes de las enfermedades contagiosas”.

En el cuarto documento “Situación de las enfermedades en los campamentos de refugiados”, fechado en mayo de 1991, puede leerse:

“[…] El cólera y el sarampión han aparecido en los campamentos de refugiados. Otras enfermedades infecciosas se extenderán a causa del tratamiento inadecuado del agua y al deficiente saneamiento”.

El motivo de este brote se indica claramente otra vez que “[…] las principales causas de las enfermedades infecciosas, la diarrea, la disentería, y los problemas respiratorios graves son la falta de saneamiento y el agua sucia. Estas enfermedades afligen principalmente a ancianos y a niños”.

El quinto documento, “Condiciones de salud en Iraq”, de junio de 1991 sigue estando prácticamente inaccesible. Lo único que he podido extraer de él es que la DIA envió a una fuente “[...] para evaluar las condiciones de salud y determinar las necesidades médicas más importantes de Iraq”. La fuente observó que el sistema médico iraquí sufría de un desorden considerable, y que “[…] las instalaciones médicas han sido ampliamente saqueadas y los suministros de casi todos los medicamentos escasean de forma alarmante”.

Sobre un campamento de refugiados, el documento dice que “[...] al menos un 80% de la población padece diarrea”. En este mismo campamento, llamado Cukurca, “[...] han irrumpido el cólera, la hepatitis B y el sarampión”.

El Kwashiorkor [3], enfermedad provocada por una deficiencia proteica ha sido detectado “[…] por primera vez en Iraq”, añade el documento.

“[...] La gastroenteritis ha matado a niños (…) En el sur, el 80% de los fallecidos fueron niños (con la excepción de la ciudad de Amara, donde los niños componían el 60% de los fallecidos)”.

El último documento, “Iraq: evaluación de la salud actual. Amenazas y capacidades”, tiene fecha del 15 de noviembre de 1991. Este documento trata la responsabilidad de los daños de forma distinta y así es como comienza: “[...] El restablecimiento de los servicios de salud pública de Iraq y la escasez de material médico importante siguen dominando la preocupación internacional. Ambas cuestiones han sido aparentemente explotadas por Saddam Hussein en un intento de mantener con firmeza a la opinión pública contra EEUU y sus aliados de la Coalición, y para dirigir la culpa lejos del gobierno iraquí”.

En el documento se minimiza la magnitud de los daños. Aunque la incidencia de las enfermedades infeccionas en todo el país es mayor de lo que lo era antes de la Guerra del Golfo, los niveles no son tan catastróficos como algunos grupos pronostican. El régimen iraquí seguirá explotando los datos de incidencia de enfermedades para sus propios fines políticos.

Asimismo, el documento culpabiliza a Saddam Husseín: “[...] La escasez de suministros médicos de Iraq son el resultado del acopio de los suministros por el gobierno central, la distribución selectiva y la explotación de los recursos médicos de socorro nacionales e internacionales”. Y además añade: “[...] La reanudación de los programas de salud pública… dependen completamente del gobierno iraquí”.

Tal y como estos documentos demuestran, EEUU sabía que las sanciones tendrían la capacidad de devastar el sistema de tratamiento del agua de Iraq y sabía cuáles serían las consecuencias: Aumento de los brotes de enfermedad y altas tasas de mortalidad infantil.

EEUU estaba más preocupado por la pesadilla de las relaciones públicas que por la pesadilla real que las sanciones supusieron y aún suponen para los inocentes iraquíes.

La Convención de Ginebra es completamente clara al respecto. El artículo 54 del protocolo de 1979, relativo a la Protección de las víctimas de conflictos armados internacionales, establece que: “[...] Se prohíbe atacar, destruir, sustraer o inutilizar los bienes indispensables para la supervivencia de la población civil, tales como productos alimenticios, cultivos, ganado, instalaciones y suministros de agua potable y obras de riego, con el fin especifico de privar a la población civil o a la parte enemiga, de su sustento, fuere cual fuere el motivo, ya sea por causar hambre entre los civiles o por provocar su desplazamiento o por cualquier otro motivo”.

Sin embargo, eso es precisamente lo que hizo el gobierno de EEUU con premeditación y alevosía. Ha destruido, eliminado o inutilizado las instalaciones de agua potable de Iraq y su canalización. Las sanciones impuestas durante casi 13 años, en gran parte debido a la insistencia de EEUU, constituye una violación de la Convención de Ginebra, lo que equivale a una intento sistemático para, en palabras de la DIA, “[…] degradar completamente” los recursos de agua en Iraq.

Durante la última década, Washington amplió el número de víctimas mediante su persistente negativa a que Iraq importe los pocos productos químicos y equipamiento necesarios para la limpieza de sus suministros de agua.

El pasado verano, Tony Hall, representante demócrata de Ohio, escribió a la entonces Secretaria de Estado, Madeleine Albright, “[...] acerca de los profundos efectos del creciente deterioro de la canalización de agua y de los sistemas de saneamiento de Iraq sobre la salud de sus hijos”.

Hall escribió: “[...] Las enfermedades diarreicas, principal asesino de los niños menores de cinco años, han alcanzado proporciones epidémicas con una incidencia cuatro veces más frecuente que las de 1990 (…) La suspensión de los contratos del sector del saneamiento del agua es el principal motivo del aumento de las enfermedades y de la mortalidad. De los 18 contratos, todos excepto uno han sido suspendidos por el gobierno de EEUU. Estos contratos son para la compra de productos químicos de purificación, cloradores, bombas de dosificación de sustancias químicas, tanques de agua y otros equipos (…) Les insto a sopesar su decisión en contra de la enfermedad y la muerte, resultado inevitable de la carencia de agua potable y de unos niveles mínimos de saneamiento”.

Desde hace más de diez años, EEUU ha seguido una política deliberada de destrucción del sistema de canalización de agua en Iraq, aun conociendo muy bien el coste en vidas iraquíes que eso supone. Naciones Unidas ha estimado que más de 500 mil niños iraquíes han muerto como resultado de las sanciones y que cinco mil niños iraquíes siguen muriendo cada mes por esta misma razón.

Nadie puede afirmar que EEUU no sabía lo que estaba haciendo.

Notas:
1.- Lawrence Davidson , Loopholes in International Law, Global Research, 21 de septiembre de 2010.
2.- Agencia estadounidense de la Inteligencia de la Defensa.
3.- El aspecto físico de estos niños es el de aquellos cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo a consecuencia de la hambruna provocada por la guerra entre Biafra y Nigeria en los años 60. Tratada a tiempo los niños podrán evitar la muerte pero su crecimiento se verá afectado de por vida.
Texto original en inglés disponible aquí

Faluya: donde la guerra continúa

22 enero, 2012

John Glaser*
Uruknet (www.uruknet.info), 9 de enero de 2012

Traducido para IraqSolidaridad por Paloma Valverde

“[…] Se ha podido llegar a la conclusión de que los padecimientos que hoy sufre la población de Faluya están causados por las armas utilizadas por Estados Unidos en el asedio a la ciudad de Faluya en 2004”

Algo que no se menciona en las declaraciones oficiales [1] sobre el supuesto fin de la guerra estadounidense en Iraq es el sufrimiento que se sigue padeciendo en Faluya como resultado de los crímenes cometidos por Estados Unidos en 2004.

Recientemente, Al-Jazeera publicó dos informes sobre este asunto. Uno de Kelley B. Vlahos,  columnista de Antiwar, que publicó un brillante artículo [2] en el que catalogaba el trabajo científico gracias al cual se ha podido llegar a la conclusión de que los padecimientos que hoy sufre la población de Faluya están causados por las armas utilizadas por Estados Unidos en el asedio a la ciudad de Faluya en 2004.

El otro artículo, [de Darh Jamail para] Al Jazeera [3] informa sobre otro tipo de daño sufrido a consecuencia de la guerra y que sigue siendo visible. En primer lugar, “En 2004, médicos del Hospital General de Faluya declararon a Al Jazeera que 736 iraquíes habían sido asesinados […] el 60% de esas víctimas eran mujeres, niños y ancianos”. Cuando el asedio terminó,  más de 1.000 iraquíes habían muerto en el Hospital general de Faluya.  Las víctimas que nunca llegaron al hospital seguramente superarían con mucho esa cifra.  Se produjeron casi 300.000 desplazamientos y “el 70 por ciento de los edificios y de los hogares de Faluya resultaron dañados o destruidos, junto con al menos cien mezquitas, seis mil tiendas y nueve edificios gubernamentales”.

La reconstrucción ha fracasado estrepitosamente y la mayor parte de la ciudad continúa siendo un amasijo de escombros. “Aquí todo es malo”, declaró un vecino a Al Jazeera. “No hay agua, no hay electricidad, no hay un buen sistema sanitario. Tenemos entre un 75 y un 80 por ciento de desempleo. Las viudas no tienen derechos, ni compensaciones [de guerra]”.

Ni un solo político estadounidense o medio de prensa que yo conozca ha expresado ni un átomo de preocupación sobre este asunto, que queda al margen del discurso y, más importante aun es que nadie se ha atrevido a culpar a quienes fueron los responsables de ello. Como escribí la semana pasada [4], el verdadero legado de la guerra de Iraq no son las mentiras que nos llevaron a ella, ni siquiera las víctimas civiles, sino la impunidad por los crímenes cometidos contra la humanidad.

No obstante, no todo el mundo considera que ese capítulo está cerrado y olvidado. La resistencia aún está presente en Iraq y, como uno de sus combatientes afirmó a Al Jazeera, “[…] Hemos aprendido a no creer en las palabras de los estadounidenses ni en sus promesas […] Dicen que se van pero dejan alrededor de 10.000 personas en su embajada. Esto quiere decir que no se han ido.” Y otro añadió: “[…] Nadie debe pensar que la resistencia ha terminado o que está derrotada […] Dicen que se marchan […] lo dudamos […] pero si los estadounidenses no se marchan nosotros seguiremos combatiendo contra ellos […]”.

De derecha a izquierda: Yousef Hamed, de 4 años; Anas Hamed, su hermano, e Inas, su hermana, que padecen malformaciones congénitas. Imagen tomada el 12 de noviembre de 2009 en Faluya. Foto de Muhannad Fala'ah/Getty Images Europe)

De derecha a izquierda: Yousef Hamed, de 4 años; Anas Hamed, su hermano, e Inas, su hermana, que padecen malformaciones congénitas. Imagen tomada el 12 de noviembre de 2009 en Faluya. Foto de Muhannad Fala'ah/Getty Images Europe)

Como queda patente para cualquiera que preste atención a la situación y para los médicos y científicos que la han estudiado, la causa de la incidencia de casos de malformaciones congénitas y de cáncer en Faluya [5] es el uso de armas químicas, como el uranio empobrecido o el fósforo blanco.

Entre los problemas de salud a los que se enfrentan los recién nacidos y los niños de Faluya se encuentran las cardiopatías congénitas, deformaciones en los huesos, como la displasia tanatofórica y deformaciones físicas como “paladar hendido, cabezas alargadas, un niño nacido con un solo ojo en el centro de la cara, miembros desproporcionadamente grandes o cortos y malformaciones de oído, nariz y columna vertebral.”

¿Hasta qué punto son habituales esas malformaciones? “En julio de 2010, un equipo británico de científicos publicó un estudio que demostraba que desde los ataques de 2004 se había producido un aumento de 12 veces más del cáncer infantil en Faluya”[6].

El 21 de diciembre  pasado, la doctora Alani, que trabaja en el Hospital [General de Faluya] desde 1997, declaró a Al Jazeera que personalmente había computado 677 casos de malformaciones congénitas desde octubre de 2099. Justo ocho días después, cuando Al Jazeera visitó la ciudad, el 29 de diciembre, el número había aumentado hasta los 699.

Según se indica en el artículo de Al Jazeera [7], “[…] La Dra. Alani visitó Japón recientemente, donde se reunió con médicos japoneses que estudian las tasas de malformaciones congénitas, que creen que están relacionadas con la radiación de los bombardeos nucleares estadounidenses de Hiroshima y Nagasaki. Le dijeron que la tasa de incidencia de defectos al nacer es allí entre un 1 y un 2 por ciento. El registro de casos de malformaciones congénitas de la doctora Alani supone una tasa del 14,7 por ciento de todos los bebés nacidos en Faluya, más de 14 veces la tasa de las zonas afectadas de Japón”.

Notas del autor y de IraqSolidaridad
1.- John Glaser,“Panetta Says Iraq Debacle ‘Worth the Price’.” [“Panetta afirma que la debacle de Iraq ‘mereció la pena’.”], Antiwar.com, 15 de diciembre de 2011.
2.- Kelley B. Vlahos, “Children of War”,  The American Conservative, edición impresa, abril de 2011.
3.- Darh Jamail, “Siete años después de los asedios de Faluya”, IraqSolidaridad, 9 de enero de 2012.
4.- John Glaser, “The Real Legacy of the War in Iraq: Impunity”  Antiwar, 5 de enero de 2012.
5.- Dahr Jamail, Los bebés de Faluya, sometidos a un nuevo tipo de asedio http://iraqsolidaridad.wordpress.com/category/uranio-empobrecido-depleted-uranium/, IraqSolidaridad, 12 de enero de 2012.
6.- Véase el estudio más reciente publicado, “Identificado el uranio enriquecido de los nuevos sistemas armamentísticos desplegados por Estados Unidos como la causa de las malformaciones congénitas y el cáncer en Faluya”, nota de prensa del equipo científico, IraqSolidaridad, 18 de octubre de 2011.
7.- Véase nota 5 de este artículo.

*John Glaser es subdirector de Antiwar.com

Fuente: http://www.uruknet.info/?p=84677

Identificado el uranio enriquecido de los nuevos sistemas armamentísticos desplegados por Estados Unidos como causa de las malformaciones congénitas y el cáncer en Faluya.

23 octubre, 2011

Nota de prensa del equipo científico, 18 de octubre de 2011

Traducido para IraqSolidaridad por Paloma Valverde y editado por Patricio Suarez.

En un estudio epidemiológico realizado conjuntamente por científicos británicos e iraquíes, se han encontrado niveles llamativamente elevados de malformaciones congénitas junto con altas tasas de cáncer en Faluya, Iraq. El estudio [1] ha sido publicado en el International Journal of Environment and Health así como en el diario The Independent. Las enfermedades y los extraños cambios en la razón de sexos al nacer [2] han aparecido tras los ataques estadounidenses sobre la ciudad en el año 2004. Muchos creen que se emplearon armas de uranio empobrecido pero no hay pruebas disponibles de ello y las fuerzas estadounidenses han negado su uso. Ahora, un año después, los autores han establecido con certeza la causa de los cambios genéticos y genómicos producidos en los habitantes de la ciudad de Faluya. Samira Allani y Muhamed Tafash, dos pediatras del Hospital General de Faluya, Chris Busby, profesor visitante de la Universidad del Ulster [3], Malak Hamdam, ingeniera química y presidenta de la Fundación londinense Cáncer y Malformaciones Congénitas [4] y Eleonore Blaurock-Bush, cuyo laboratorio en Alemania llevó a cabo el trabajo analítico, han publicado en la revista indexada Conflict and Health los resultados de un exhaustivo estudio sobre la contaminación en Faluya.

El antedicho estudio se inició con el análisis del cabello de 25 padres y madres de niños que padecen malformaciones congénitas, para lo cual utilizaron un método inductivo altamente sensible llamado espectrometría de masas con fuente de plasma de acoplamiento inductivo (ICPMS en sus siglas en inglés). En el cabello, que excreta la contaminación por metales al igual que se excreta a través de la orina, se encontraron valores muy elevados de calcio, magnesio, estroncio, aluminio, bismuto, mercurio y uranio.

No obstante, de estos elementos sólo el uranio, elemento radiactivo, está asociado al desarrollo del cáncer y a las malformaciones congénitas. Los niveles de uranio fueron significativamente más elevados que los esperados en relación con otras medidas de control publicadas de poblaciones no contaminadas, particularmente de Israel y Suecia. Los niveles de la contaminación del suelo, de agua del grifo, de agua de río y de agua de pozo no explicaban los resultados hallados en el cabello pero, sorprendentemente, demostraron que el uranio medio ambiental no era natural sino fabricado por el hombre, aunque no era uranio empobrecido. En los depósitos de uranio natural, la razón de los dos isótopos del uranio —U238 y U235— es siempre 138. Para el uranio empobrecido la razón es siempre más alta: el uranio empobrecido puro tiene una razón por encima de 400. Sin embargo, en Faluya, la razón, tanto en el cabello de los padres y madres como en las muestras medio ambientales, era significativamente más baja, lo que indica la presencia de uranio enriquecido.

Las mujeres musulmanas en Faluya tienen el pelo muy largo, y se sabe que el pelo crece a una velocidad de alrededor de un centímetro al mes, por lo que para investigar la fuente del uranio el equipo de investigadores pudo conseguir información sobre la exposición histórica analizando toda la longitud del cabello de 5 mujeres. La contaminación en el pelo era mucho más elevada que en el pasado. En el caso de una mujer cuya melena medía 80 centímetros, se pudo rastrear hasta principios de 2005, justo después del ataque. La concentración de uranio en 2011 determinó que en el pasado la exposición al uranio fue de unos niveles altísimos. En su investigación, los autores prueban que los efectos de la contaminación por uranio en la salud de los niños se puede observar en todo Iraq, así como en los hijos de los veteranos de la guerra del Golfo. Además, esto es cierto para los casos de cáncer infantil, que de acuerdo con los estudios epidemiológicos realizados se ha comprobado que en Faluya la tasa es impactantemente alta: alrededor de 14 veces la esperada respecto a la población de Egipto. También se han investigado los efectos genotóxicos altamente anómalos del uranio. En 2009, Chris Busby escribió en la revista New Scientist que el uranio se une al ADN y demostró que el elemento concentra los antecedentes naturales de la radiación gamma en el ADN mediante un proceso denominado efecto fotoelectrón secundario.

Dado que el uranio enriquecido fabricado por el hombre se ha encontrado en el medio ambiente de Faluya y que los niveles son más altos que los hallados en el pasado, los autores llegan a la conclusión de que en la batalla de Faluya se utilizó algún tipo de arma basada en el uranio enriquecido y que ello es la causa principal de los altos niveles de cáncer y de enfermedades congénitas. La investigación analiza los sistemas de armas y cita patentes que requieren el uso de uranio en explosivos y otro tipo de armas anti persona (más que las armas de uranio de los blindados utilizadas en la primera guerra del Golfo). Además, la investigación incluye los dispositivos termobáricos y los nuevos explosivos recubiertos de uranio que matan carbonizando a las víctimas y que poseen efectos de presión que causan el colapso de los pulmones.

Es de resaltar que han aparecido rastros de uranio enriquecido en otros campos de batalla recientes, especialmente en el Líbano, donde la tierra procedente del cráter provocado por un misil en Jiam y también el polvo del filtro de aire de una ambulancia mostraban la presencia de uranio enriquecido en 2006, un descubrimiento del que informó Robert Fisk en The Independent. Los autores de esta investigación son incapaces de explicar por qué esas armas contienen o producen restos de uranio enriquecido y apela a que el ejército revele ahora la verdad sobre los sistemas armamentísticos empleados en los campos de batalla actuales.

El Dr. Busby señala que “[...] Lo que hemos hallado demuestra claramente que existe una nueva generación de armas basadas en el uranio [enriquecido] y que en la actualidad se están empleando, lo que nos lleva a este extraordinario incremento de casos de cáncer y de enfermedades congénitas que padecen los civiles inocentes y los soldados. Si hay poco uranio enriquecido para ocultar el uso de armas de uranio empobrecido o que el enriquecimiento es un requisito ineludible para algunos sistemas armamentísticos actuales, no lo sabemos, pero lo que sí hemos comprobado es el desarrollo de un artefacto de efecto indiscriminado y de consecuencias terribles e igualmente indiscriminadas. Lo más probable es que la OTAN utilice también esas armas en Libia y habrá que esperar con preocupación el incremento de casos de cáncer y de malformaciones congénitas tras esta última guerra.

Malak Hamdan añade que “[...] Este extraordinario descubrimiento de una nueva arma de uranio [enriquecido] debería servir para que el mundo entero despierte. No podemos continuar negando que esas armas radiactivas puedan discriminar sus efectos entre objetivos militares y no militares. Precisamente por esta razón, un altísimo número de personas inocentes han muerto y morirán en un futuro, sin contar el sinnúmero de padres y madres que mirarán con horror y piedad a sus hijos porque durante varias generaciones los niños seguirán naciendo con malformaciones congénitas como resultado de las modificaciones genéticas hereditarias provocadas por la exposición a partículas de polvo de uranio.

Notas de IraqSolidaridad:

1.- El estudio completo está disponible en inglés en: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3177876/
2.- Cociente entre el número de niñas y de niños que nacen.
3.- El Dr. Busby es secretario científico del Comité europeo sobre el riesgo de radicación (www.euradcom.org), colabora como investigador con en el Laboratorio Federal de Agricultura de Alemania —Instituto Julius Kuehn de Braunschweig— y es director de la organización Green Audit (www.greenaudit.org).
4.- Véase la página web de la Fundación, disponible en inglés en: http://www.thecbdf.org.

Fuente: Enviado por uno de los autores a la CEOSI (www.iraqsolidaridad.org)

Resumen del informe de la organización OWFI La crisis medioambiental de Hawijah y la herencia de las bases estadounidenses*

11 octubre, 2011

Warresisters.wordpress.com, octubre de 2011

El informe sobre los daños medio ambientales y humanos, provocados por la base estadounidense establecida en la ciudad de Hawija (45 Km al sur de Kirkuk), fue dado a conocer a finales de agosto por la organización Women’s Freedom in Iraq.

[...] El informe [1] da a conocer que en una ciudad de solo 109.000 habitantes existe una generación de niños que sufren poliomielitis, daños cerebrales o atrofia. Los 412 casos de estos niños y adolescentes están registrados en clínicas, pero hay otros 600 casos sin registrar. De igual manera, el cáncer se extiende como una epidemia, especialmente entre los adolescentes a los que ni el gobierno iraquí ni Estados Unidos les provee la medicación que necesitan.

Estados Unidos es responsable de la radiación y del arsenal de munición y explosivos que aún siguen activos en una zona que se encuentra a menos de un kilómetro y medio de los barrios, sin que haya medida ni advertencia alguna para proteger a los civiles o para impedir que los niños accedan a esa zona. Las edades de los afectados incluidos en el estudio van desde niños de meses hasta jóvenes de 19 años

Lista con los nombres de los niños con cáncer y sujetos del estudio. Hawija, agosto de 2011.

Estados Unidos mantiene que esta guerra ha sido ‘limpia’, pese a las numerosísimas pruebas irrefutables de que Estados Unidos ha utilizado fósforo blanco, napalm y uranio empobrecido, gases venenosos y asfixiantes contra los civiles iraquíes, todas ellas armas prohibidas por el Protocolo de Ginebra de 1925 que prohíbe el uso de métodos bacteriológicos de guerra. Estados Unidos no firmó el tratado. Durante la década de 1960, Reino Unido se adhirió al protocolo y se deshizo, con la ayuda especial de la entonces Unión Soviética, de su arsenal bacteriológico. En 1969 Nixon anunció la destrucción de su arsenal biológico. Parece que del anuncio no se pasó a los hechos.

El informe de Women’s freedom revela la extremada contaminación nuclear de la zona, especialmente en los pueblos colindantes como Kabiba, Hamudiya, Abu al-Sakra, al-Atshana y Hor al-Sufun. Por ejemplo, en Kabiba, un pueblo con 1400 habitantes se han producido 21 casos de cáncer.

La organización Womens’s Freedom exige al gobierno estadounidense que asuma su responsabilidad de la tragedia de las decenas de miles de afectados en la región; compensaciones morales y materiales a las víctimas y a sus familias y reclaman la ayuda de las organizaciones internacionales para conseguir estos objetivos.

Notas de Iraq Solidaridad
1.- El informe, realizado entre el 16 y el 23 de agosto de 2011, lleva por título La base estadounidense transforma la ciudad de Hawijah (45 kilómetros al sur de Kirkuk) en una zona de crisis: Cientos de niños paralíticos y adolescentes con cáncer [U.S. Army Base Transforms the Town of Hawijah (30 miles south of Kirkuk) into a Crisis Zone: Hundreds of Paralyzed Children and Teenagers with Cancer]

* Debido a la longitud de este informe, no hemos considerado oportuno su publicación completa dando cuenta aquí de los puntos esenciales del mismo. El informe completo en inglés está disponible en inglés: http://warresisters.wordpress.com/iraq-reports-analysis-and-interviews-on-movement-building-now/owfi-report-hawijah-in-crisis-and-the-legacy-of-us-bases/ y en árabe: http://evandarraji.blogspot.com/2011/08/blog-post_26.html

¿Existen datos epidemiológicos que apoyen la sospecha del uso de uranio empobrecido por parte del Ejército de Estado Unidos durante la guerra de Iraq?

5 agosto, 2011

Por Patricio Suárez*

Las observaciones directas de los médicos y de algunos informes habían puesto de manifiesto un incremento en el número de malformaciones congénitas y casos de cáncer en Faluya que se habían relacionado con el posible uso de uranio empobrecido durante las duras batallas que tuvieron lugar en esa ciudad en 2004. A comienzos de 2010, los autores del artículo [1] organizaron un equipo de investigación que trató, mediante trabajo de campo, de recoger datos epidemiológicos sobre incidencia de cáncer, defectos congénitos y razón de sexos al nacimiento que permitieran evaluar si había tenido lugar un incremento de dichos problemas de salud después del año 2004.

El equipo de investigadores visitó 711 hogares de Faluya y recogió las respuestas a un cuestionario en árabe que indagaba sobre la existencia en la familia de casos de cáncer, malformaciones congénitas y mortalidad infantil. La población estudiada en la muestra fue de 4.843 personas y el porcentaje de respuesta al cuestionario fue algo mayor del 60%. Se calcularon los Riesgos Relativos [RR] (cuántas veces más probable es padecer el problema de salud en cuestión en la zona de estudio que en la de comparación) ajustados por edad y se compararon con los del Registro de Cáncer de Oriente Próximo (Middle East Cancer Registry, MECC) para 1999 y las tasas de Jordania del período 1996-2001.

Entre enero de 2005 y el final del período de estudio se encontraron 62 casos de cáncer, lo que supone un Riesgo Relativo de 4,22 (es decir, una incidencia 4 veces mayor que en la zona de comparación) con un Intervalo de Confianza entre 2,8 y 6,6 (como mínimo la incidencia casi triplica la “esperada” y podría ser casi siete veces mayor). De los casos de cáncer, 16 corresponden con tumores malignos infantiles (niños menores de 15 años), lo que representa un RR de 12,6 (casi 13 veces más incidencia de la “esperada”) con un intervalo de confianza entre 4,9 y 32 (como mínimo el riesgo está multiplicado por cinco y podría llegar a ser 32 veces mayor). Según los tipos específicos de tumores, los riesgos más altos se encontraron en leucemias de todos los tipos en el grupo de edad de 0-34 (20 casos, un incremento de riesgo de 38), linfomas (ocho casos, riesgo nueve veces mayor), cáncer de mama de 0-44 años (12 casos, riesgo multiplicado por diez) y tumores cerebrales en todas las edades (cuatro casos, lo que supone siete veces más riesgo).

Para el cálculo de la mortalidad infantil se tuvo en cuenta la tasa media de natalidad del periodo 2006-2009 a la que se añadió 1/6 de la tasa anual para tener en cuenta el bimestre enero-febrero de 2010. En ese periodo, se encontraron 34 defunciones en menores de un año, lo que supone una tasa de 80 por 1.000 (80 defunciones por cada 1.000 nacidos vivos). Dicha tasa es 4,2 veces mayor que la de Egipto (19,8 por 1.000) y mucho mayor también que la de otros países del entorno, como Jordania (17 por 1.000) o la de Kuwait (9,7 por 1.000) en el año 2008.

El tercer hallazgo del estudio tiene que ver con una inversión de la razón de sexos (cociente entre el número de niños y el número de niñas) al nacimiento. Normalmente, esta razón en poblaciones humanas es una constante: nacen 1.050 niños por cada 1.000 niñas. Una alteración de esa cifra sugiere algún tipo de daño o agresión genética. Las razones encontradas por los investigadores están claramente alteradas, en especial en el grupo de edad 0-4 años: así, por cada 1000 niñas de las cohortes de 0-4, 5-9, 10-14 y 15-19 encontraron 860, 1.182, 1.108 y 1.010 niños. Se observa, por lo tanto, un déficit del número de varones en el primer quinquenio de edad.

Los datos epidemiológicos parecen apoyar rotundamente la existencia de un muy relevante incremento del número de casos de cáncer, en especial de tumores malignos habitualmente relacionados con la exposición a radiaciones ionizantes, y de malformaciones congénitas.

Más discutible es el hallazgo de la inversión de la razón de sexos al nacimiento: dado que se está realizando un análisis longitudinal de datos recogidos en un corte transversal, las cifras encontradas podrían deberse no a una inversión de la razón de sexos al nacer sino a una sobremortalidad diferencial masculina post-natal. Con la metodología empleada no es posible estimar ese sesgo y se debería ser muy cauteloso en las conclusiones sobre este tercer aspecto del estudio. Obviamente, el estudio no puede concluir -no era la pregunta- acerca de si se utilizó o no uranio empobrecido en la batalla de Faluya, pero aporta pruebas epidemiológicas que no descartan el uso de dicho tipo de armamento.

Notas:
1.- Cáncer, mortalidad infantil y razón de sexos al nacer en Faluya, Iraq 2005-2009.
[Original: Busby C, Hamdan M, Ariabi E. Cancer, Infant Mortality and Birth Sex-Ratio in Fallujah, Iraq 2005-2009. Int J Environ Res Public Health 2010; 7: 2828-2837. doi:10.3390/ijerph7072828]

*Patricio Suárez es epidemiólogo y miembro de la Campaña Estatal contra la Ocupación y por la Soberanía de Iraq (CEOSI)

The biological legacy of warfare

4 agosto, 2011

By Prof. Paola Manduca
Middle East Monitor, Sunday, 31 July 2011

Medical personnel in a majority of countries which have been attacked by armies using modern and chemical munitions, such as white phosphorus shells, have reported increases in the number of structural birth defects, as well as infants who are born with or later develop tumours. These effects become more evident with time and represent the long term consequences of the use of such bullets and shells. Doctors who have observed, reported and attempted to document these effects, often in difficult situations, have often come up against a brick wall. That is not to say that they or researchers experience direct intimidation, but the circumstances have been made too difficult to put in place timely protection for the populations at risk.

While the long term physical legacy of war often becomes obscured gradually – whether mutilations, unwanted pregnancies resulting from rape or mental problems – and is reduced to being a pain revealed reluctantly by the victims and perhaps ignored by institutions, in modern times victims are more open about it. This is possibly because of the specific means of warfare being used and people are faced with uncertainty and insecurity not only about their own health, but also the health of their progeny. They must also deal with complications that extend more deeply into personal lives and the social fabric than they ever did previously.

This legacy can hardly be forgotten and the extent of the potential damage in terms of the numbers that will be affected and the period or generations over which the effects will be felt are still unknown.

The burden is multiplied since in most cases there is no local intervention or even any assessment possible for years; in countries like Iraq, Afghanistan, Gaza, Somalia and now Libya, circumstances frequently do not allow for it. These countries are experiencing ongoing attack, siege, occupation, unrest, institutional instability, the lack of specialised personnel, dependence on international aid agencies or are in a state of dire poverty and therefore lack adequate means.

The lack or postponement of assessment adds to the difficulties of “finding out” the facts and of providing eventual protection or care for the population from further damage. Being essentially impossible, at each step, to obtain knowledge that could grant protection against the long term effects of this weaponry and provide justice for victims already suffering serious trauma following the anguish of being attacked by a modern military arsenal, it becomes a burden of uncertainty about their future health and that of their children.

In addition, the lack of assessment adds to the potential for damage caused by components in this weaponry, as the effects of their toxicity may increase with time, with continuing assumption, as mentioned below.

The acquisition of accurate data on the long term biological effects of the use of such weaponry using the support of independent scientists and doctors from abroad has also been discouraged or suppressed in numerous ways, from direct intimidation to the absence of funding, as well as the numerous other political and practical difficulties in between these extremes.

There is an international consensus among governments and within the military industrial complex that, despite having been used ‘in the field’ on civilians for more than a decade, this weaponry will remain beyond all classification in accordance with the various conventions on the use of weapons including the Geneva Convention. As such, they also remain in limbo with regard to legal assessment of war damages as well as the definition of military misconduct, war crimes and crimes against humanity even though these were prefigured in various cases by UN commissions of enquiry or fact-finding missions and rapporteurs.

This has become the status quo upon which modern warmongering states base their ability to act with apparent impunity.

The question of the long-term effects of weaponry arose with the extensive use in Vietnam of Agent Orange contaminated with dioxin, a chemical agent that is known to interfere with normal embryonic development1. Coincidentally, congenital anomalies in Vietnam have been documented up until the present day. The responsibility of dioxin in carcinogenesis and as a teratogen (an agent that produces anomalies during fetal development and thus late miscarriage and birth defects) has been documented in association with accidents at industrial plants and has been confirmed experimentally.

The use of depleted uranium (DU) weapons raised the same issue,2 and there is an accumulated body of information that describes the coincidence of DU contamination and serious illness, cancer and birth defects. In itself, DU has the characteristics to act both as a radioactive mutagen and a chemical carcinogen and teratogen agent. It has the peculiarity, as with other metals, to persist in the environment and resist being eliminated from the body in which it accumulates.

Unfortunately, DU is only one of the many components of modern weaponry to cause health concerns. Extensive military and industrial literature illustrates the fact that much modern weaponry, from ammunition for light guns to bombs and missiles, is enriched with various metals including uranium. These metals have a toxic legacy; they are carcinogenic and teratogenic, they pollute the environment and they accumulate in the body.

Ammunition ‘augmented with metals’ have been used in Afghanistan, Iraq, Gaza, Lebanon and Libya, and possibly in Somalia. They include bombs, light ammunition, lethal and sub-lethal-maiming weapons.

The presence of metals delivered by modern ammunition has been detected in bomb craters in Afghanistan, Iraq, Lebanon and Gaza3 as well as in spent white phosphorus shells used in Gaza3
and Fallujah. They were also detected in the biopsies of victims’ wound sites offering factual proof of the presence of the metal in the ammunition that caused the wounds in Gaza4.

Children’s hair in Gaza5 and Falluhja6 was shown to have a high metal load with at least 10 metals being detected in various amounts and combinations. These metals have toxic, carcinogenic and teratogenic action as shown by scientific research, and confirmed by the IARC (International Agency for Research on Cancer) classification. They include V, Cr, Co, As, Mo, Cd, W, U, Hg, Pb.

The fact that these metals remain in the environment and accumulate in the human body makes their effects potentially more dangerous for the population with the passage of time, particularly given their ongoing consumption and absorption from the environment and atmosphere, as well as through metal-contaminated food and water.

Hence, proof of the presence of metals in weaponry and their diffusion into the environment was presented in many cases.

To diminish the relevance of the proof that toxic, carcinogenic and teratogenic metals are present in weapons, it is argued that reports on increased frequency of birth defects and cancers are only observational or do not provide comparisons with previous data available. However, the narrative from local medical personnel has recently begun to be supported by research.

The frequency of birth defects in Fallujah in 2010 was about 4-5 times that in any other country.7 It was also possible to establish retrospectively the frequency of birth defects from 1991, and thus have valid reference points for before the invasion and subsequent war. A continual rise in the frequency of birth defects beginning after 2003 has also been shown, the rate of which in 2010 was tenfold that in 1991.6 There has also been an increase in the number of cancers reported in the same city after 2003.8

The population in Fallujah, including babies at birth, was shown to have a high metal load (contamination) for at least 10 carcinogenic and foeto-toxic metals.6

The high frequency of tumours and birth defects are also associated with residence adjacent to shooting grounds, as in Quirra in Italy where weaponry used in the field in recent wars is tested by NATO, the EU, the USA and Israel among others. This case is currently in judicial proceedings and the shooting ground and its surroundings is closed to further use.

Court sentences sanctioned that delayed health damage was produced in military personnel who participated in war and military operations where this weaponry was used. Military regulations were issued to protect the health of the users of weaponry ‘augmented with metal’ indirectly confirming its dangerous nature. However, this of course does not relate to protection of the final ‘consumer’, who are the civilians.

So the evidence of an increase in birth defects and cancer associated with war and theatres for weapons testing are, in many contexts, accumulating and documented.

The most common attempt by governments and the military is to minimize the accumulating data and to call for direct proof of cause-effect by asking what proof there is that human reproduction and cancers are, in fact, caused directly by this modern weaponry?

In rational terms, of course, the regularity in the presentation of a phenomenon in different populations, e.g. increases in infant cancers or in birth defects, in the presence of a single major common environmental change in conditions, namely war waged by the same entities and using the same weaponry, should lead us to focus on that change as the potential cause of the poor health as well as concentrate efforts in research.

The road toward the establishment of a direct cause-effect relationship is slowly becoming accessible and its likelihood is paved by experimental results based on the fact that the metals in question can cause birth defects and cancers, and on knowledge of their mechanisms of action. The body of scientific data in this direction is now relevant and consistent; see ref in 5 and 6.

In addition, and in order to combat the situation, it is important that while we ask science for answers, we also learn to ask the right questions to weapons producers and to governments.

Confronted with the phenomenon, with the evidence and with the circumstances, they should provide proof that weaponry components are not agents that could account for the increase in birth defects and cancers; that they do not diffuse in uncontrolled ways in the environment; that they do not have cumulative effects extending over time and indiscriminately affecting the civil population. If they do not provide proof of this, it is necessary that we demand the application of the principle of precaution so diffusely claimed in other matters.

Meanwhile, it is mandatory that independent medical research be promoted and sustained, rather than suppressed, on an issue of such potential relevance for the general health of entire populations.

In summary, what emerges as the most novel and severe consequence of the use of metal-augmented weapons, is that their effects are virtually unlimited in time and that they are additive and potentially trans-generationally inherited, whether because they produce genetic changes or/and by post-genetic, epigenetic transmission. Effective methodologies for the remediation of contamination by metals, both environmental and human, are at this stage unknown. However, it is known that persisting exposure to toxic metals can increase health damage in time.

Timely, fair and factual documentation by qualified, independent sources which will appeal to reason and law – two things that the aggressor will do anything possible to avoid, should be promoted by all people and by all means.

We should know more about how to reduce the consequences and develop timely protection and remediation and should not just bear the “adverse destiny”. Nor should we allow this to become the doom of future generations.

*Prof. Paola Manduca is a geneticist at the University of Genoa, Italy

ENDNOTES
1. Dioxins and their effects on human health. Fact sheet N°225, May 2010, http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs225/en/
2. Durakovic A. Undiagnosed illnessses and radioactive warfare CMJ 44:520, 2003
3. Manduca P, Barbieri Mario, Barbieri Maurizio. Gaza Strip, soil has been contaminated due to bombings: population in danger. 2010 http://newweapons.org/?q=node/110
4. Skaik S, Abu-Shaban N, Abu-Shaban N, Barbieri M, Barbieri M, Giani U, Manduca P. Metals detected by ICP/MS in wound tissue of war injuries without fragments in Gaza. BMC Int Health Hum Rights. 2010 Jun 25;10:17.
5. Manduca P, Barbieri Mario, Barbieri Maurizio. Metals detected in Palestinian children’s hair suggest environmental contamination. 2010, http://www.newweapons.org/?q=node/112
6. Manduca P. Increase of birth defects and miscarriages in Fallujah 2011, http://newweapons.org/?q=node/120#attachments
7. Alaani S, Savabieasfahani M, Tafash M, Manduca P Four polygamous families with congenital birth defects from Fallujah, Iraq. Int J Environ Res Public Health. 2011, 89-96
8. Busby C, Hamdan M, Ariabi E.Cancer, infant mortality and birth sex-ratio in Fallujah, Iraq 2005-2009.Int J Environ Res Public Health. 2010, 2828-37

Aumenta la esperanza de vida en el mundo pero desciende en Iraq

17 mayo, 2011

Según un informe de la OMS [1], la esperanza de vida ha aumentado en el mundo excepto en dos países: República Dominicana e Iraq.

Según el citado informe, el promedio de vida en Iraq descendió de los 68 años en 2000 (con Sadam en eel poder) a 66 años en 2009. La expectativa de vida para las mujeres sigue siendo más alta que la de los hombres, ya que se espera que las niñas nacidas en 2009 alcancen los 70 años mientras que los niños solo llegarán a los 62 años de edad.

“Las cifras reflejan el caos derivado del conflicto y su impacto sobre los sistemas de salud”, afirma Colin Mathers, uno de los coordinadores del informe anual de estadísticas mundiales de salud de la OMS.

Notas:

1.- World Health Statistiscs report, disponible en inglés en: http://www.who.int/whosis/whostat/2011/en/index.html

Según la Academia Americana de Neurología los refugiados iraquíes tienen un elevado riesgo de sufrir patologías relacionadas con el cerebro y el sistema nerviosl

15 abril, 2011

American Academy of Neurology, 13 de abril de 2011

Traducido para IraqSolidaridad.wordpress.com por Paloma Valverde

Recientes investigaciones sugieren que un elevado número de refugiados iraquíes padecen afecciones cerebrales y del sistema nervioso, al igual que quienes han sido víctimas de las torturas y los discapacitados. Esta sorprendente investigación se presentará en el 63º Congreso anual de la Academia Americana de Neurología [1].

Naciones Unidas calcula que hay varios miles de refugiados iraquíes en Estados Unidos y su número se incrementa cada año. “[…] Se estima que el número total de refugiados en el mundo es de 40 millones y entre ellos el número de iraquíes aumenta cada año debido a los conflictos en Oriente Próximo” afirma Farrah Mateen, médico del Departamento de Neurología y Salud Internacional de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, y miembro de la Academia Americana de Neurología. “[…] Nuestra investigación presenta los primeros resultados de un proyecto piloto nacional más amplio de Naciones Unidas para monitorizar  las enfermedades neurológicas en las personas desplazadas”, relata.

En 2010, Naciones Unidas informó de que en Jordania había 36.953 refugiados iraquíes y solicitantes de asilo y de ellos 7.621 recibían asistencia médica.

Para llevar a cabo este estudio, los investigadores utilizaron la base de datos de Naciones Unidas en Jordania. Se informó de que un total de 1.295 refugiados padecían trastornos cerebrales o del sistema nervioso, es decir, un 4 por ciento de todos los refugiados iraquíes registrados; de ellos, el 10 por ciento eran discapacitados.

El estudio dio como resultado que el 5 por ciento de los refugiados con trastornos cerebrales o del sistema nervioso tenían antecedentes de tortura frente al 3,1 por ciento de los que no habían sido diagnosticados. El diagnóstico más común fue epilepsia (un 30 por ciento), dolores en la espalda (un 27 por ciento) y dolores de cabeza (cerca de un 12 por ciento).

Los neurólogos atendieron al 14 por ciento de esos casos, 179 pacientes, y la educación sanitaria llegó a cerca del 11 por ciento de los refugiados con trastornos cerebrales.

“[…] Nuestra investigación resalta la perentoria necesidad de asistencia neurológica y educación sanitaria respecto a los trastornos neurológicos y planificación a largo plazo para los refugiados de los países destrozados por la guerra”, afirma Mateen.

La investigación ha sido apoyada por la beca 2010 Practice Research Training Fellowship de la Fundación de la Academia Americana de Neurología.

Notas:

1. Asociación de más de 22.500 neurólogos y profesionales de las neurociencias dedicada a promover la mejor atención médica a pacientes neurológicos. Un neurólogo es un médico especializado en el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de patologías del cerebro y del sistema nervioso, como la enfermedad de Alzheimer, el derrame cerebral, migraña, esclerosis múltiple, traumatismos cerebrales, epilepsia y enfermedad de Parkinson.

Texto original disponible en inglés en: http://www.uruknet.de/?s1=1&p=76819&s2=14


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