Las revoluciones de la zona y la catástrofe de la ocupación de Iraq

Autor: Said Nayi Yawad
ID:  QU-0903-03-11
Las revoluciones de la zona y la catástrofe de la ocupación de Iraq
No quiero debatir el importante logro que han conseguido los hijos de Túnez y Egipto porque ya lo hicieron muchos otros antes que yo y con excelencia. La verdad es que los jóvenes tunecinos y egipcios han demostrado tanta paciencia y persistencia que uno solo se puede quitar el sombrero ante ellos. Lo que quiero abordar aquí son las teorías que algunas mentes y lápices envenenados intentaron sembrar en la zona árabe desde no hace poco tiempo.

La primera teoría dice que el despotismo y la dictadura árabe no se pueden derrocar sin intervención extranjera o sin ayuda del exterior, en el mejor de los casos, y ello después de que conocidos escritores estadounidenses y europeos elaboraran teorías para justificar la intervención extranjera, llegando incluso a considerar esta teoría como una de las reglas de la ciencia política, y cuya responsabilidad [la de la intervención] recae en Naciones Unidas y en las potencias mundiales, que deben actuar para liberar a los pueblos oprimidos. En base a estas teorías se gestó el ataque contra Iraq y la operación del cambio del régimen a la fuerza, haciendo creer que era la única manera de liberar a los iraquíes e instalar la democracia.

En Iraq nos bombardearon con discursos del futuro sombrío y artículos de agentes que optaron por cooperar con las fuerzas extranjeras haciendo propaganda a la ocupación. Todo esto, dicen, lo hicieron en nombre de su amor a Iraq y a su pueblo y con el objetivo de proteger los intereses y el futuro del país. El resultado fue más de un millón de mártires iraquíes, el robo de miles de millones de los recursos de Iraq, lo que convirtió al país en uno de los países más corruptos del mundo, menos seguros y con más porcentaje de hambre, a pesar de los recursos económicos existentes en el país, y para colmo, lo alejaron también de la democracia. Esto resume los resultados de una ocupación de ocho años. Frente a esta dolorosa realidad, vemos que los hijos de Túnez y de Egipto lograron un cambio inmenso y drástico de manera civilizada: derrocaron regímenes robustos y apoyados por Estados Unidos y Europa y con un número de víctimas ínfimo si se compara con las víctimas iraquíes. Además, dieron un paso hacia la democracia con su propio esfuerzo y sus propios recursos, sin ningún apoyo externo.

Quien compare lo que han conseguido las revoluciones de Túnez y Egipto y las catástrofes que causó la ocupación en Iraq se quedará boquiabiertos ante los terroríficos resultados causados por la ocupación extranjera. La pregunta que debemos plantear es la siguiente: Si los pueblos tunecino y egipcio han logrado el derrocamiento de sus respectivas dictaduras, ¿por qué no dejaron a los iraquíes la libertad de actuar y elegir, a su manera, el régimen que les convenía? Y quien se atreva a decir que algo similar en Iraq hubiera provocado un sinfín de víctimas que mire la revolución libia y compare entre lo que han perdido los iraquíes desde la invasión extranjera hasta hoy día y los mártires que caen hoy Libia haciendo frente a un gobernante que se niega a dejar su cargo.

La segunda teoría que refutaron las revoluciones de Túnez y Egipto es que los regímenes sostenidos por Estados Unidos, Europa e Israel no pudieron resistir ante las revoluciones populares que acabaron con ellos ante la sorpresa de los países amigos; se puede decir que los regímenes que cuentan con el apoyo y la protección extranjera están ahora, más que otros, en el punto de mira. Los políticos estadounidenses, y también los israelíes, se han quedado boquiabiertos e incapaces de detener este sagrado empuje popular. Cabe precisar aquí que los que han caído y los que están al caer en el mundo árabe no son simples regímenes sino estructuras policiales que aterrorizaron a la gente durante décadas. Ahora el gobernador árabe hace todo para ganarse el cariño de su pueblo indefenso cuando antes hacía gala de sus fuerzas de seguridad y de su capacidad de acallar las protestas. Antes el gobernante árabe se mofaba de las demandas y de la indignación de su pueblo y ahora corre lo que no está escrito para satisfacer a ese mismo pueblo.

La última teoría que estas revoluciones han refutado es la que defienden los partidarios de la política estadounidense y que dice que estas revoluciones no se habrían consumado si no hubiera sido por la osadía de Estados Unidos de “liberar a Iraq”, una operación que, según los partidarios de esta teoría, abrió la puerta a los acontecimientos que allanaron el terreno a los grandes cambios posteriores. Pero esto falta a la verdad porque, primero, el objetivo de la ocupación de Iraq no fue la democracia ni la liberación del país sino el petróleo, la seguridad de Israel y el control de la zona. En segundo lugar, la valerosa resistencia iraquí fue la que abortó ese plan y, lo más importante, la que acabó con el mito de Estados Unidos y animó a otros a desafiar a Washington lo que debilitó a los gobiernos que Washington apoyaba, y el resultado estamos viviendo hoy. La rueda de las revoluciones populares ha empezado a girar y solo la detendrá los cambios que satisfagan a quienes las protagonizan.

 

Fuente Alfanar: http://www.boletin.org/control/product/~category_id=ESP_ROOT/~product_id=QU-0903-03-11

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