Tras la ola de ataques, Estados Unidos podría permanecer en Iraq

Bill Van Auken*
World Socialist Website (www.wsws.org), 17 de agosto de 2011

Traducido para IraqSolidaridad por Paloma Valverde

Tras la cadena de mortíferos atentados con bombas y tiroteos del pasado lunes 15 de agosto en Iraq, el gobierno de Obama ha manifestado de nuevo su deseo de mantener tropas estadounidenses en el país después del 31 de diciembre, fecha tope para su retirada de Iraq.

Los atentados del lunes produjeron el mayor número de muertos del año en un solo día, con al menos 89 personas muertas y 315 heridas. La ola de atentados se materializó en 42 ataques independientes en 12 ciudades distintas. La coordinación de los ataques golpeó a las fuerzas de seguridad iraquí en las áreas suníes, incluidas las ciudades de Ramadi –donde una bomba de carretera asesinó a tres policías e hirió a otros dos– y Tikrit, donde los suicidas atacaron una unidad antiterrorista dando muerte a sus tres miembros. En Baquba, los atacantes, provistos de armas con silenciador, atacaron a un grupo de oficiales del ejército iraquí, dando muerte a cinco de ellos.

En otro de los ataques, hombres uniformados entraron en una mezquita situada a las afueras de Bagdad y empezaron a leer en voz alta los nombres de las personas que aparecían en una lista y que habían formado parte de la milicia Consejos del Despertar [al Sahua], unas milicias auspiciadas por la ocupación estadounidense para eliminar a la resistencia. Los hombres armados arrastraron a siete personas fuera de la mezquita, asesinaron a cuatro de ellos e hirieron de gravedad a los otros tres. Oficiales iraquíes dijeron que al lado de los cuerpos se había encontrado una nota que identificaba a los autores como miembros del Estado Islámico de Iraq.

Los ataques más sangrientos se produjeron en la zona de predominio shií en la ciudad de Kut, donde un par de explosiones en la zona del mercado mataron a 40 personas. También se produjero ataques en las ciudades sagradas shiíes de Najaf y Karbala.

Los responsables iraquíes han responsabilizado de los ataques a Al Qaeda, aunque en Iraq el término se utiliza sin rigor para referirse a la resistencia sunní.

La Casa Blanca condenó los atentados y en un fórum celebrado en la Universidad Nacional de la Defensa, en Washington, tanto Hillary Clinton, Secretaria de Estado, como Leon Panetta, Secretario de Defensa, señalaron que el gobierno de Obama está preparado para revisar el calendario de la retirad de sus tropas.

Clinton, que especuló con que la oleada de atentados “[…] Muy bien podría deberse a Al Qaeda en Iraq en un intento por reafirmarse como organización”, declaró que si el régimen iraquí de Nuri al Maliki pidiera que las fuerzas estadounidenses permanecieran en Iraq, “[…] Sería irresponsable por nuestra parte no escucharle”.

Panetta, por su parte, declaró que “[…] Con Iraq vamos a mantener una relación amistosa a largo, ya sea en un contexto diplomático o militar, para estar seguros de que el país se mantiene estable”. Añadió que ambos gobiernos podría negociar la continuación del despliegue de tropas estadounidenses en el país, cuya misión sería el entrenamiento de las tropas y las operaciones ‘contraterroristas’.

Bajo el acuerdo de seguridad (SOFA en sus siglas en inglés) negociado entre el gobierno de Bush y el régimen iraquí, las 48.000 tropas que permanecen en Iraq tendrían que abandonar el país a finales de 2011. A principios de este mes, bajo la presión del gobierno de Obama y del Pentágono, el parlamento iraquí autorizó negociaciones con Washington sobre la ampliación de la presencia militar estadounidense, supuestamente para ‘entrenar y asesorar’. Los responsables estadounidenses han informado de que Washington pretende mantener de forma indefinida unas 10.000 tropas sobre suelo iraquí, incluidas unidades especiales que podrían seguir realizando misiones de ‘asesinato o captura’ contra los sospechosos de pertenecer a la resistencia.

Las milicias shiíes del Partido Dawa de Maliki y del Partido Iraqiya, de base esencialmente suní, liderado por Iyad Allawi –un shií secular y antiguo bastión de la CIA– han apoyado las negociaciones sobre la ampliación de la ocupación militar estadounidense. No obstante, una amplia mayoría del pueblo iraquí se opone a la continuación de la presencia de las tropas estadounidenses, que han provocado la pérdida de más de 1.200.000 vidas y ha convertido en refugiados a millones de iraquíes tras la invasión de 2003 y los subsiguientes ocho años de ocupación.

Esta hostilidad popular ha encontrado un reflejo distorsionado en la inestable coalición de gobierno de Maliki. Sin ir más lejos, la semana pasada Tareq al-Hashemi, vicepresidente iraquí, difundió una declaración advirtiendo de que la continuación de la presencia de tropas estadounidenses podría suponer “[…] Un problema, no una solución” “[…] La retirada de tropas combatientes estadounidenses llevaría a una mejora de la seguridad en Iraq al tranquilizar a los países vecinos que se sienten amenazados”, añadió.

Hashemi afirmó además que el gobierno iraquí no tenía necesidad de renegociar el acuerdo de retirada de tropas estadounidenses para asegurarse el entrenamiento, las armas y el equipamiento de sus fuerzas de seguridad. “[…] Espero que en un futuro próximo, Iraq se abra a Rusia, al sudeste asiático y a la Unión Europea, afirmó. “[…] Existen muchos países cuya tecnología es comparable a la que dispone Estados Unidos y además compite con ella a precios más bajos”.

La alusión de Hashemi a la ‘preocupación de los países vecinos’ sobre la presencia de Estados Unidos se refería, obviamente, a Irán, país que ha impedido el intento estadounidense de dominar los negocios iraquíes, incrementando su propia influencia tanto en lo político como en lo económico.

Muqtada as-Sáder, el clérigo radical shíí, que mantiene estrechas relaciones con la jerarquía clerical iraní, ha condenado sin paliativos las negociaciones para ampliar el plazo de la presencia militar estadounidense y ha advertido de que las tropas que permanezcan en Iraq tras el 31 de diciembre serán consideradas objetivo militar. “[…] Se las tratará como a cualquiera que permanezca en Iraq como un ocupante tirano al que se ha de resistir con medios militares”, afirmó as-Sáder en una declaración que publicó en su sitio web.

Además, as-Sáder publicó una carta en inglés dirigida a las tropas estadounidenses, en las que las apremiaba a abandonar el país. “[…] Si afirmáis que habéis venido a liberarnos, hacedlo y liberadnos de vuestra maldad […] Sabed que resistiremos y lucharemos con tanta firmeza y dureza –igual que hasta ahora– hasta que abandonéis nuestra tierra –igual que haríais vosotros si vuestro país estuviera invadido”.

A pesar de que la facción parlamentaria de as-Sáder se ha opuesto a la renegociación de otro acuerdo de seguridad y abandonó el parlamento mientras se producía la votación [sobre si permitir o no las negociaciones] sigue formando parte del gobierno de Maliki y mantiene una serie de puestos ministeriales. La retórica militante contra la continuación de la ocupación estadounidense es únicamente de cara a las bases del movimiento saderista, que pertenecen a los sectores sociales más deprimidos de la clase trabajadora iraquí en ciudad Sáder, una ampliación sin control urbanístico de la ciudad de Bagdad, así como en ciudades del sur shií de Iraq.

Mientras la sangrienta oleada de ataques del lunes se atribuía a las fuerzas sunníes, el ejército estadounidense culpaba a las milicias shiíes del ataque contra sus fuerzas [1]. Quince soldados estadounidenses fueron asesinados en junio y otros cinco en julio. El pasado domingo [14 de agosto], Campo Delta, la mayor base militar estadounidense fuera de la sureña ciudad Kut, fue atacado por un misil Katiuska, aunque no se produjeron víctimas. Campo Delta, que ocupa una extensión de casi 96 kilómetros cuadrados, es la única base militar estadounidense que todavía no ha entregado formalmente el control a las fuerzas iraquíes. Situada cerca del mayor paso fronterizo con Irán, el campo cuenta con una larga pista, aloja a más de 6.000 tropas y en el que se han invertido decenas de millones de dólares para nuevas construcciones desde que se alcanzó el acuerdo de seguridad [SOFA].

Al día siguiente de la atribución de los atentados del lunes [15 de agosto] atribuidos a militantes suníes [2], un portavoz de la ocupación militar estadounidense afirmó que el Pentágono consideraba a las milicias shiíes, supuestamente apoyadas por Irán, como la gran amenaza para Iraq.

Jeffrey Buchanan, general de División y portavoz del ejército estadounidense en Iraq, afirmó que el Pentágono informó el martes que la fuerza iraní de Al Quds está apoyando a las milicias shiíes “[…] En términos de tropas, equipamiento e inteligencia”. Acusó a Irán de tener como objetivo “[…] Mantener a Iraq en una posición débil y asilada del mundo, de todos sus vecinos y de Estados Unidos”.

El análisis del general dice tanto de los objetivos de Estados Unidos como de los de Irán. Washington está determinado a perseguir los objetivos que tenía cuando invadió Iraq en 2003: la dominación del país, la explotación de su petróleo y de sus riquezas y la utilización del territorio iraquí para proyectar el poder militar estadounidense en toda la región.

Paulatinamente, el control estadounidense sobre Iraq se ha visto gravemente comprometido por la considerable influencia iraní así como por los crecientes intereses económicos sobre el país de otros poderes como Turquía y China. Este es el motivo por el cual el Pentágono y la campaña del gobierno de Obama prometen el final de la guerra en Iraq, sin embargo están determinados a mantener una férrea presencia militar en el país.

Sea o no capaz el gobierno de Maliki de firmar un trato para asegurarse una ampliación negociada de la presencia de las tropas estadounidenses, Washington ha trabajado para asegurarse un papel militar. En los ocho años de ocupación, Estados Unidos ha limitado deliberadamente la capacidad del ejército iraquí, dejando al país sin una fuerza aérea o marítima y, por lo tanto, sin capacidad para proteger sus fronteras. El poder aéreo estadounidense continuará controlando los cielos iraquíes, con independencia de la decisión que tome el parlamento de Iraq.

Entretanto, como parte de la preparación de la retirada de las tropas, el Departamento de Estado estadounidense está llevando a cabo una militarización cada vez mayor de sus propias operaciones en Iraq, las cuales verán el continuado despliegue de unos 17.000 ‘civiles’ estadounidenses organizados alrededor de la mayor embajada del mundo. En este número están incluidos unos 5.000 contratistas militares armados, respaldados por una flota de helicópteros de guerra controlados por la empresa DynCorp International.

Walter Pincus, del diario The Wasington Post, informó el martes [16 de agosto] que el Pentágono había cambiado un contrato del ejército por servicios de inteligencia para el Departamento de Estado de modo que las operaciones de inteligencia militar estadounidense podrían continuar sin problemas en el caso de que el calendario de retirada de tropas se cumpliera. El Pentágono ha mantenido en secreto la naturaleza concreta de los servicios que figuran en el contrato. No obstante, el documento que subraya su transferencia al Departamento de Estado indica que el contratista, L-3 Communications, “[…] Apoyará todos los aspectos relativos a las actividades de la inteligencia con la finalidad de aportar información oportuna y práctica”.

Pincus cita el contrato original, firmado en 2009, que señala que L-3 ha sido contratada para suministrar a las fuerzas estadounidenses en Iraq “[…] Apoyo a las operaciones de inteligencia, cobertura para las personas contratadas in situ, oficiales de las fuerzas especiales de seguridad, equipos de personal de apoyo de inteligencia, apoyo a las operaciones de información y apoyo al espionaje”.

La implicación es tal que el Departamento de Estado y sus contratistas militares continuarán con las operaciones llevadas a cabo anteriormente por el ejército estadounidense, incluido, con toda probabilidad, operaciones de contraterrorismo coordinadas con unidades del ejército iraquí.

Notas de IraqSolidaridad

1.- También las mezquitas suníes han sido objeto de atentados recientes, como el atentado contra la mezquita Um al-Qura, la más importante de Bagdad, en la que el ataque suicida costó la vida a 24 iraquíes muertos y 30 heridos. Al Quds al Arabi, 29 de agosto de 2011 (traducción disponible en español en www.boletin.org).
2.- De estos atentados también han sido acusados grupos vinculados a Al Qaeda, pero distintos analistas han vuelto a poner en duda la capacidad de realizar estas sieries de atentados simultáneos y de gran envergadura sin la colaboración de las fuerzas de seguridad en un país que está totalmente tomado por los distintos cuerpos de policía y el ejército.

* Bill Van Auken es un político y activista estadounidense del SEP (Socialist Equality Party), de tendencia trotskista. Fue candidato a las elecciones presidenciales estadounidenses de 2004.

Fuente original en inglés en: http://www.wsws.org/articles/2011/aug2011/iraq-a17.shtml

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: