EEUU y la retirada definitiva de Iraq

Auni al Qalamyi*

Al Quds al Arabi, 10 de enero de 2012

Traduccido del árabe por Fundación Al Fanar

Parece que, en gran medida, los gigantes estadounidenses de la comunicación han logrado vender las mentiras de la retirada definitiva de las tropas de la ocupación estadounidense a finales del pasado mes de diciembre, exhibiendo a sus tropas con una sonrisa en los labios, con los dedos al aire en señal de victoria y con todo el equipamiento militar.

Con este motivo, se han producido celebraciones en varias ciudades iraquíes. Fuerzas políticas y partidos contrarios a la ocupación, así como determinadas facciones de la resistencia, han escrito comunicados, artículos y análisis, y han realizado declaraciones en las afirman que esa retirada supone una victoria gloriosa para ellos y una derrota para Estados Unidos y su quinta columna.

Por momentos pensábamos que Iraq se había liberado realmente, que había logrado su independencia y su plena soberanía y que había un gobierno del pueblo en lugar de un gobierno de la ocupación. Sólo faltaba hacer realidad las esperanzas de los iraquíes de regresar a su país para disfrutar de la libertad, la justicia y la igualdad.

No discutimos que la retirada de las tropas de ocupación, independientemente de la magnitud de tal retirada, representa, un claro retroceso de éstas frente a las tropas de la resistencia iraquí, y no la aplicación del desdichado acuerdo de seguridad, como pretende hacer ver el gobierno estadounidense. La retirada estadounidense de Iraq ha manchado su prestigio y ha acabado con el mito de la invencibilidad de Estados Unidos. Esta verdad, un motivo para sentirnos orgullosos, no puede impedirnos ver los objetivos a largo plazo que esta retirada esconde. En resumen, esta retirada se puede considerar parte de una nueva y peligrosa estrategia estadounidense que pretende poner fin a la resistencia y consolidar una ocupación a futuro.

Estados Unidos no ha retirado la mayoría de sus tropas porque estuvieran en una situación débil frente a la resistencia, ni porque ésta haya liberado muchas ciudades iraquíes en las que ha impuesto su autoridad nacional y esté próxima a liberar el resto de las ciudades, incluida la capital iraquí, Bagdad, como ocurrió en Vietnam. Por el contrario, esta retirada ha coincidido, por un lado, con el debilitamiento de la resistencia, si se compara con su edad de oro y, por otro lado, con el chantaje entre algunas fuerzas contrarias a la ocupación que están dispuestas a participar plenamente en el proceso político. En otras palabras, esta retirada se enmarca en una estrategia sucia y tramposa basada en el famoso dicho militar: «Se puede conseguir la victoria evitando la derrota». Por lo tanto, la retirada de tropas estadounidenses no se puede considerar una estrategia de fuga o una derrota digna.

Y si no, basta con echar un vistazo a los grandes beneficios que obtendrá Barack Obama de esta retirada que, en caso de consumarse, logrará salvar el proyecto de la ocupación al minimizar sus pérdidas humanas y reducir los gastos militares (razón principal del colapso económico vivido en Estados Unidos) y, además, servirá para animar a sus aliados a que den un mayor apoyo político y económico al gobierno de Nuri al Maliki. Todo esto conducirá a que determinados sectores nacionales débiles se decidan a entrar en el proceso político bajo el pretexto de que la resistencia armada ha finalizado con la salida de las tropas de ocupación. Por último, se encomendará a las fuerzas del gobierno (ejército, policía y milicias armadas) la misión de hacer frente a la resistencia iraquí en sustitución de las tropas estadounidenses. En resumen, Obama ha cambiado la imprudente estrategia de su predecesor George Bush, quien apostaba por la fuerza militar para acabar con la resistencia, y la ha sustituido por una estrategia de menor coste militar pero de larga duración para evitar enfrentamientos militares, es decir, lograr lo que Bush no pudo conseguir por la fuerza a lo largo de sus dos mandatos.

Las facciones de la resistencia deben entender y reconocer esta amarga verdad y desenmascarar el plan de las fuerzas de ocupación y su nueva estrategia destinada a consolidar la ocupación.

Por otro lado, se debe tener en cuenta que la batalla contra las fuerzas de ocupación será larga y que el ocupante no se retirará de Iraq por la mera existencia de un artículo en tal o en cual acuerdo. Estados Unidos sabe distinguir, en base a la importancia y a la protección de sus intereses vitales, entre gestionar Iraq de manera directa ¾con presencia militar sobre el terreno¾ y gestionar Iraq a distancia ¾temiendo que ocurra un cambio nacionalista en Iraq, lo que queda confirmado por el mantenimiento de casi 30.000 soldados estadounidenses en Iraq (a los que cataloga con términos tales como entrenadores militares, expertos, consejeros, supervisores, etc.), el mantenimiento de varias bases militares, empresas de seguridad y redes de inteligencia que se actúan bajo la dirección de la embajada estadounidense en Iraq, la mayor del mundo, que cuenta con miles de empleados, una fuerte protección militar (con todo tipo de armas sofisticadas), que le permitiría entrar en un posible enfrentamiento con la resistencia iraquí durante un período relativamente largo. A todo esto, Iraq sigue bajo el artículo 7, no el capítulo 7, porque entre los dos hay una gran diferencia. Este artículo permite a Estados Unidos convertir a Iraq en un campo abierto al que puede volver en cualquier momento. Esto explica por qué Estados Unidos no quiso salir de Iraq una vez concluida su misión de derrocar el régimen de Saddam tras la invasión estadounidense a Iraq.

Ignorar esta presencia estadounidense o menospreciarla, insistir en interpretar la retirada de como una derrota clara, resultado de la incapacidad de las fuerzas de ocupación de hacer frente a la resistencia y de soportar más pérdidas humanas y materiales sería un grave error. Esto no es óbice para no reconocer las grandes victorias logradas por la resistencia iraquí ni el gran papel de la resistencia en el cambio de su estrategia, como ya hemos mencionado. Pero, si las interpretaciones de la resistencia iraquí son correctas, ¿cómo pueden justificarnos, a nosotros iraquíes, su incapacidad para llenar el vacío en las ciudades de las que se han retirado las tropas estadounidenses y establecer su autoridad nacional en ellas, para que sirvan de base en la lucha contra la ocupación y en pro de la liberación de todas las ciudades iraquíes? ¿Acaso no son las fuerzas del gobierno, a pesar de su debilidad, las que imponen de una manera u otra su control sobre las ciudades iraquíes? Nuri al Maliki retó públicamente a la resistencia a tomar una sola calle que estuviera en manos de sus fuerzas. En otras palabras, si las fuerzas de ocupación hubieran sabido que la resistencia es la que llenaría el vacío en lugar de las fuerzas del gobierno no se habría retirado de ninguna ciudad iraquí.

No es de sabios ni juega a favor de los intereses de la resistencia ni del proyecto de la liberación de Iraq, establecer planes y políticas y ejecutar operaciones basadas en la idea de que el equilibrio del poder militar se inclina a su favor. La batalla de la liberación de Iraq sigue siendo difícil y extenuante y requiere más tiempo y sacrificios. Por eso hay que proceder de inmediato a la elaboración de una estrategia para ganar la próxima batalla, ya sea contra las tropas de la ocupación que aún permanecen en el país, contra las fuerzas del gobierno o contra todas al mismo tiempo.

Conocer al enemigo te permite tomar la ofensiva, conocerte a ti mismo te permite mantenerte en la defensiva; el ataque es el secreto de la defensa y la defensa es la planificación de un ataque, así lo dicen los expertos en guerrillas desde la antigüedad hasta nuestros días, y esto es lo que aplicaron las resistencias que liberaron a sus países de los ocupantes e invasores.

Esta precisa conclusión sirve perfectamente como piedra angular de lo que debe hacer la resistencia iraquí, que no se conoce como debería ni a sí misma ni al enemigo¾ lo que no le resta valor a su grandeza ni a sus grandes victorias¾ porque si así fuera así, no habría considerado esta retirada una derrota clara, ninguna de sus facciones habría declarado que puede liberar Iraq en solitario, ni habría pasado por alto la demanda del pueblo iraquí que quiere la unidad de las facciones de la resistencia iraquí) ni se habría inventado excusas y obstáculos para impedir la consecución de este noble objetivo, sin el cual el proyecto de la liberación de Iraq es solo un sueño o una esperanza.

La resistencia todavía tiene la oportunidad de conocerse a sí misma y al enemigo para reparar en días, y no en semanas o meses, el daño causado por la división de sus facciones, porque la resistencia iraquí se enfrenta ahora a un nuevo reto, además de al ocupante, que es el gobierno de la ocupación.

No descartamos que algunos miembros de la resistencia, de los partidos o de las fuerzas contrarias a la ocupación se incorporen al proceso político utilizando el mismo pretexto que ahora venden: que la fase de la lucha armada ha logrado sus objetivos y que ya es hora de pasar a la acción política, lo que permitiría al gobierno de ocupación imponer su control sobre las ciudades y prepararse para hacer frente a la resistencia iraquí. No podemos tener en cuenta los conflictos internos de este gobierno o del proceso político porque unirán sus filas en cuanto se sientan amenazados.

La ocupación no ha terminado sino que ha adoptado otras formas más peligrosas que la acción militar. La batalla por la liberación requiere aún mucho trabajo, esfuerzo y sacrificio. Todos confiamos y tenemos la esperanza de que este punto de vista prevalecerá porque muchas facciones de peso han analizado bien la situación, como queda claro por la carta de la Asociación de Ulemas Musulmanes dirigida al pueblo iraquí en la que se explica perfectamente la realidad de esta retirada parcial de tropas estadounidenses y sus objetivos, carta en la que también se señala que la batalla contra los ocupantes debe continuar hasta la liberación total de Iraq. Igualmente en ella se insta a mantener diálogos y debates en profundidad entre todas las fuerzas contrarias a la ocupación y las fuerzas nacionales iraquíes (grupos, individuos, partidos políticos y organizaciones) para hacer frente a la próxima etapa.

¿Llegará el día en el que veamos unidos todos los esfuerzos militares y políticos de todas las fuerzas nacionalistas, empezando por las facciones de la resistencia iraquí, y logremos, cuanto antes y con el mínimo sacrificio, liberar a Iraq y salvar a nuestro pueblo de la miseria?

Auni al Qalamyi es el Secretario general de la Alianza Patriótica Iraquí desde enero de 2012, tras la muerte de su líder histórico Abdelyabbar al Kubaisi en diciembre de 2011.

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