El “Nuevo Iraq” de Estados Unidos: Venganza más allá de la muerte

Felicity Arburthnot*

Global Research, 7 de abril de 2012

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales. Revisado por Paloma Valverde

Edición IraqSolidaridad

“¿Cómo fluye la sangre de un fantasma?”, ( They Didn’t Ask: What’s After Death? Mahmoud Darwish, 1942-2008)**

“Desde las Cruzadas no nos había ocurrido nada tan terrible” (Un amigo iraquí)

 En noviembre de 2010 Tareq Aziz,  ex ministro de Asuntos Exteriores y viceprimer ministro de Iraq, bajo la amenaza de ser ejecutado pidió a su abogado que lo enterraran en Jordania y que lo trasladaran a su patria “después de que Iraq sea liberado”. Temía que su cuerpo fuera profanado o exhumado por el gobierno títere de Iraq.

El respeto a cualquier persona, por no hablar de los muertos, no ha sido un atributo por el que haya destacado el gobierno del “primer ministro” Nuri al Maliki, cliente a medida de Estados Unidos.

Milicias shiíes en Bagdad.

Milicias shiíes en Bagdad. Foto Global Research

En mayo de 2006 el canal de TV al-Arabiya difundió un vídeo de lo que afirmaban eran los restos del Muhammad Hamza al-Zubaydi, ex primer ministro (1991-1993), que fue golpeado, pateado en la cabeza repetidamente por un grupo de personas. Encarcelado bajo custodia de las fuerzas estadounidenses el 21 de abril de 2003, su muerte de un “ataque al corazón” en un hospital militar estadounidense se anunció el 5 de diciembre de 2005, aunque había muerto tres días antes, el 2 de diciembre. Tenía sesenta y siete años.

La letanía de pogromos en Iraq desde la invasión y el derrocamiento de Saddam Hussein (bajo la ocupación y el deplorable “Consejo de gobierno”, después la ocupación y los dos predecesores de al-Maliki, luego la ocupación y al-Maliki y, ahora, bajo el vengativo régimen de al-Maliki en solitario) se ha igualado a otros de triste fama, desde Varsovia a la Kristallnacht.

La utilización de la palabra “pogromo” no es a la ligera. Un pogromo se caracteriza por asesinatos, destrucción de casas, propiedades, negocios y centros religiosos, junto a detenciones arbitrarias y campos de concentración.

Desde la destrucción en 2006 de las cúpulas doradas de la mezquita Askari de Samarra en la que se cree que están enterrados los dos imanes, Ali al-Hadi y su hijo Hassan al-Askary, por toda la nación las mezquitas tanto sunníes como chiíes, las iglesias cristianas, además de templos y mezquitas yazidies y de otras minorías se han reducido a cenizas, quemado y bombardeado. La democracia estadounidense y británica en Iraq dio lugar a un pogromo muy democrático en el que no se excluye ninguna religión u origen étnico.

Además, desde la invasión, aterrorizar, ya sea por razones religiosas o para pedir un rescate, para arreglar cuentas o por razones incomprensibles, resulta desconcertante y ello en un país en el que durante generaciones se había convivido.

De la noche a la mañana, literalmente, Iraq paso de ser una tierra en la que, en general, una persona podía pasear sola con total seguridad por las calles de las ciudades y los pueblos, de día o de noche, a ser un país que se despertó para encontrarse con familias enteras en las morgues con heridas que indicaban torturas inimaginables. Despertó ante cuerpos decapitados arrojados a los basureros y ante padres e hijos decapitados arrojados en los caminos de las entradas a las casas o en los jardines de éstas.

Iraq también despertó a secuestros, extorsiones, a la destrucción de casas, locales y de negocios o a la toma de estos por la fuerza.

La libertad traída por los ‘aliados’ creó campos de concentración en Abu Ghraib y Campo Bucca, en el aeropuerto de Bagdad y otros, supuestamente alrededor de once mil, aunque aún parecen ser incontables, gulags.

Pero,en el Nuevo Iraq la venganza, en realidad, va más allá de la muerte. El 29 de marzo Nuri al Maliki albergó la primera Cumbre Árabe en Bagdad en veinte años, para la que gastó mil millones de dólares, en los que se incluía el gasto de reemplazar las palmeras destruidas por los estadounidenses y ofrecer un banquete con dátiles envueltos en hojas de oro.

Eso mientras los iraquíes luchan por conseguir un mínimo suministro de electricidad, agua potable y servicios básicos. Los bagdadíes tuvieron los móviles desconectados durante una semana, y las fuerzas de seguridad garantizaron que estuvieran atrapados en el tráfico durante horas, sin poder llegar al trabajo, si es que tenían alguno, cautivos en su ciudad ‘liberada’.

El día anterior a esta bacanal de derroche, siguiendo las instrucciones de Maliki, se envió a un alto cargo al gobierno provincial de Saladino, donde nació Saddam Hussein, en el pueblo de Awja y adonde fue trasladado para ser enterrarlo, y darle el trato espantoso que posteriormente se le infligió a su cuerpo tras el linchamiento respaldado por Estados Unidos. Allí también están enterrados sus dos hijos, sumariamente asesinados a tiros por las tropas estadounidenses en Mosul en julio 2003, junto con su nieto de quince años.

El enviado de Maliki ordenó al jefe del clan al-Bu Nasir de Saddam, Hassan al-Nada, cerrar la tumba y trasladar los restos del ex presidente a otra parte [1].

¿Acaso no son los dictadores y los déspotas quienes ordenan y mandan, mientras que los primeros ministros elegidos democráticamente debaten y deciden por consenso?

“[…] Es extraño que se ordene cerrar la tumba, especialmente dado que acoge los cuerpos de Abdul Rahman Arif y Abdul Karem Kasem”, comentó Nada.

Arif, un apasionado panarabista, fue presidente entre 1966 y 1968. Como soldado de carrera que era entonces, había apoyado el sangriento derrocamiento de la monarquía impuesta por los británicos en 1958. Después, siendo presidente, envió tropas iraquíes a luchar contra Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967. Murió en el exilio en Amán en 2007 tras abandonar Iraq después de la invasión.

Kasem dirigió la revolución del 14 de julio de 1958, se convirtió en el 1er primer ministro postrevolucionario (1958-1963) y acabó con la política de puertas abiertas que había facilitado los monopolios que, en palabras de los iraquíes, “saqueaban las riquezas iraquíes y ataban Iraq a las alianzas imperialistas”.

Como siempre, la historia iraquí se repite, y se pagan las ‘ataduras’ y los ‘saqueos’. Iraq está clasificado como el tercer país más corrupto del mundo y según Ekurd.net [2]. Al-Maliki es el primero de los diez políticos iraquíes que llegaron a Iraq con los tanques invasores y que esperaban hacerse millonarios en diez años. La mayoría de los iraquíes se enfrentan a diario a privaciones que hacen que la miseria absoluta que habían padecido durante el embargo les parezca benigna.

A pesar de ser chií y también secretario general del Partido islámico al-Dawa y nieto de un clérigo chií, al-Maliki ha abrazado claramente la cruzada estadounidense que va desde el castigo hasta el llenarse los bolsillos y la falta de respeto, incluso a los muertos (piensen en los restos desaparecidos de Ben Laden, el lugar desconocido en el que descansa el general Gadaffi, si es que lo hace en algún lugar). Maliki sigue la cruzada estadounidense con fe.

“[..] Ordenó que se desenterraran los cuerpos, se destruyeran las tumbas y se sacara a los muertos de sus tumbas”, escribió Thomas Asbridge en su Historia autorizada de las Cruzadas [3]. Escribía sobre 1098. No se ha llevado a Iraq cien años atrás desde la invasión, como repiten los iraquíes, sino, según parece, casi mil de años atrás.

Tras la caída de Iraq, el 9 de abril de 2003, simbolizada de forma escalofriante por la cara de la estatua de Saddam Hussein tapada con una bandera estadounidense, y el derrocamiento de éste, al-Maliki se convirtió en el segundo responsable de la Comisión nacional suprema de desbaathificación (encargada de purgar de sus empleos a todos los antiguos miembros del Partido del Baaz, defensores del panarabismo).

La tumba del cofundador del panarabismo, el filósofo y sociólogo Michel Aflaq (1910-1989) fue arrasada y borrada por los buldóceres estadounidenses.

En 1991, después de la masacre de la carretera de Basora [4], el general Norman Schwarzkopf anunció que “[…] No queda nadie por matar”. Como se acerca el 9 de abril, noveno aniversario de la destrucción de la estatua y de Iraq, parece que al-Maliki ha superado a Shwarzkopf: ha evolucionado a atacar a los muertos.

Este noveno aniversario cae en el fin de semana de Pascua. Los iraquíes e Iraq (donde según los creyentes nació en Ur -al sur del país-, Abraham, el padre de la cristiandad, del islam y del judaísmo) también necesitan una resurrección y un milagro.

Notas de la autora y de IraqSolidaridad:
1. Al-Arabiya News, “Iraqi government orders closure of Saddam’s tomb, transfer of remains”, 28 de marzo de 2012.

2. Baxtiyar Abdulrahman, “Top 10 Iraqi Most Corrupt leaders”, 24 de marzo de 2012.

3. Thomas Asbridge, The Crusades: The Authoritative History of the War for the Holy Land, HarperCollins Publishers, New York, 2010.

4. Masacre cometida por las fuerzas estadounidenses contra las tropas iraquíes en retirada después de la rendición de Iraq en 1991 y contra los civiles que huían por esa carretera.

** Mahmoud Darwish, The Butterfly’s Burden, Ed. Copper Canyon Press, 1 de enero de 2007.

*Felicity Arbuthnot es una destacada periodista británica que conoce de primera mano, por sus múltiples viajes a Iraq, la realidad del país. Ha recibido números premios por sus documentados artículos, entre ellos por su trabajo de documentación para el documental de John Pilger Paying the Price, Killing the Children of Iraq.

Fuente original en inglés

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