Crónicas del juicio a la activista turca Ayşe Berktay

Buenos días, democracia: Castigar al inocente en nombre de la justicia

Imán Jamás*

Silivri, 3 de julio de 2012

Traducido del inglés para IraqSolidaridadTribunal BRussells por Paloma Valverde.

De lo que estamos siendo testigos [1] en Silivri (provincia de Estambul) en estos momentos es sencillamente la herida de la vergüenza en la frente de la humanidad. De otro modo, filósofos, teóricos, humanistas, abogados y activistas deberían trabajar para buscar nuevas definiciones para todos los valores que nos enseñaron en el colegio, especialmente para la justicia, porque lo que está sucediendo aquí es la utilización de los mecanismos de la ley y de la justicia para criminalizar y castigar al inocente en nombre de la paz, la justicia y, cómo no, de la lucha contra el terrorismo.

El primer día del juicio, el pasado 2 de julio, muy temprano por la mañana cientos de personas se reunieron en la Plaza Takim, la principal plaza de Estambul, con intención de tomar los autobuses que llevan a Silivri, donde se ha establecido el tribunal, pero llegaron hasta allí solo para constatar que la policía los estaba esperando, con la intención de que los autobuses no salieran con dirección al distrito de Silivri, y así fue.

Vallas policiales que acotan el camino hacia el tribunal de Silivril, situado en medio de la nada.

Vallas policiales que acotan el camino hacia el tribunal de Silivril, situado en medio de la nada.

No obstante, algunas personas con más suerte fueron capaces de llegar en coches particulares, taxis, etc. Nosotros estábamos entre ellos. Después de conducir durante más de una hora, de nuevo, en alguna autopista en medio de la nada nos encontramos frente a la policía.

La vista se celebró en el denominado «Campo de la Institución para las Ejecuciones» en Silivri, una gigantesca instalación en medio del campo donde no hay nada en absoluto. La policía ha colocado grandes alambradas a ambos lados del camino y ha puesto controles en los que decenas de personas tenían que negociar con los guardias para que los dejaran pasar. Así que tuvimos que abandonar el coche e ir a pie pasando los controles militares a través del camino alambrado. Había decenas de  policía y cientos de policías militares que aquí los llaman «gendarmes», muchos de ellos con cascos, escudos y porras. Mis amigos turcos me advirtieron de que no sacara la cámara y que mejor utilizara la cámara del móvil, pero en realidad lo mejor era que no utilizara ninguna de las dos.

Los compañeros establecimos un plan sobre qué hacer en caso de que nos detuvieran y nos aseguramos de tener nuestros pasaportes y carnés de identidad, porque al no hablar turco sería muy difícil convencer a la policía de que no suponíamos ningún peligro, que sólo queríamos estar presentes en el juicio, lo que no estaba permitido, como muy pronto descubrimos.

También descubrimos que si llegar hasta la sala de justicia no era lo más fácil, entrar y asistir al juicio era otra cuestión. Nadie estaba autorizado a entrar, excepto aquellos que tenían permisos especiales. Como periodista conseguí pasar a través de la puerta de seguridad y, desde luego, con la inestimable y constante ayuda de los amigos turcos. Pero literalmente cientos de ellos no pudieron entrar. Otros tantos se reunieron en la puerta con las manos levantadas sujetando sus carnés de identidad, rogando a la policía que los dejara entrar. Era absolutamente imposible que los escucharan o atendieran. Otras personas, especialmente las mujeres mayores, probablemente madres y esposas de los detenidos, hacían cola o se sentaban fuera sujetando sus bastones a los que habían pinchado un papel con el nombre de los seres queridos que estaban detenidos.

Entrada al lugar donde se está celebrando el juicio contra los activistas turcos.

Entrada al lugar donde se está celebrando el juicio contra los activistas turcos.

Ahora estoy en Estambul en una mesa redonda sobre la primavera árabe que ha organizado la Universidad de Bogaziçi. Cuando tuve noticias del juicio viene a Silivri en solidaridad y apoyo de mi amiga Ayşe Berktay, detenida y encarcelada desde hace nueve meses. Comprendí que sus viajes dentro del contexto del Tribunal Internacional sobre Iraq iban a ser utilizados como pruebas contra ella en su enjuiciamiento. Irónicamente, Turquía fue uno de los pocos países de la región que se negó a participar en la invasión de Iraq o de los pocos países que se negó a permitir que su espacio terrestre o aéreo se utilizara para esa guerra contra Iraq. Ayşe trabajó mucho y durante muchos años en organizar y participar en las sesiones de los tribunales celebrados sobre la invasión y ocupación de Iraq de 2003. Yo asistí a muchas sesiones de esos Tribunales y escuché lo que ella manifestó y no había nada, absolutamente nada, en lo que dijo o hizo que pudiera poner en peligro ni por lo más remoto a su país o a su pueblo y esto lo quiero declarar ante todo aquel que esté interesado en saber y el tribunal debería ser el primero en estar interesado.

Ayşe es una persona honrada, digna e inteligente. Invariablemente ha sido la voz de la razón y de la paz. Siempre se ha manifestado contra la violencia y a favor de la justicia y del respeto a los derechos humanos. De forma constante ha apelado a la resolución de los problemas mediante el diálogo político y la negociación.

Dentro del tribunal, los detenidos estaban en medio de la sala, sentados en 13 filas, y había 15 detenidos en cada una de ellas. Hombres y mujeres, de diferentes edades, hacían el signo de la victoria. La mayoría de ellos iban vestidos de negro en recuerdo de sus compañeros [asesinados]. Puede ver a Ayşe en la tercera fila. A la derecha había largas filas con decenas de abogados y a la izquierda los periodistas. En la parte de atrás había mucha gente, probablemente familiares, amigos, organizaciones, sindicatos. Al menos había cien policías rodeando a los detenidos.

El presidente del tribunal abrió la sesión con unas pocas palabras y después fue el turno de Meral Daniş Beştaş abogada de la defensa, que hizo un largo discurso sobre el que los amigos turcos comentaron que fue muy bueno, que había tocado puntos muy importantes sobre el uso del lenguaje kurdo para que así los detenidos pudieran entender el proceso; sobre la naturaleza política del tribunal en lugar de penal y constitucional; sobre las circunstancias de las detenciones que había sufrido cada uno de los detenidos; respecto a que los detenidos debían ser puestos en liberta hasta que la sentencia fuera firma y, finalmente, sobre que a los detenidos se les estaba tratando como criminales antes de que se pruebe en el juicio si eso es así o no.

Lo que no es comprensible es que se juzgue colectivamente a 200 personas. Lógicamente cada uno tiene su propio caso y es distinto y particular. Si los viajes de Ayşe se consideran actividades ilegales, otra persona, por ejemplo, Buşra Ersanli, un intelectual y catedrático de universidad fue detenido tras su clase sobre los derechos de la mujer, y así uno tras otro.

Muchos de los detenidos son profesores universitarios, escritores, como Hasan Ozguneş, que habló durante el juicio, intelectuales, editores, periodistas y activistas por los derechos humanos; todos ellos son miembros activos de la sociedad, personas que dedican su tiempo y su trabajo a crear un mundo mejor, un país mejor, Turquía en este caso; personas a las que se debe agradecer y a las que se debe apreciar y no perseguir como si fueran delincuentes.

Muchas de estas personas son miembros del Partido Paz y Democracia (BDP), por lo que queda claro que el tribunal es sobre todo político. Los periodistas turcos dicen que este tribunal supone el intento de ilegalizar el Partido porque están acusados de apoyar el terrorismo [2].

En nuestro mundo de la postguerra contra el terrorismo, cualquier actividad podría ser criminalizada como terrorista, un término que todavía no sabemos qué significa exactamente. La abogada, vicepresidente del Partido BDP, afirmó que “[…] No intentamos dividir Turquía, sólo queremos construir un Estado multicultural, como muchos otros Estados del mundo, y no tenemos ningún plan secreto contra nuestro propio país.

Durante el juicio todo el tiempo me he sentido, con lo que los amigos turcos podían traducirme de lo que oían a su alrededor, en un mundo orweliano, o kafkiano, en el que las cosas son lo contrario de lo que parecen y en el que las palabras contradicen su significado. Esta es la copia turca de la Ley Patriótica Estadounidense (American Patriotic Act), el nuevo Macartismo; esta es la nueva era de la guerra del terrorismo.

Notas de IraqSolidaridad:

1.- La delegación está formada, además de por la autora de este artículo, Imán Ahmed Jamás, por: Fabio Marcelli, abogado italiano, miembro de la Asociación Internacional de Abogados Democráticos y de la Asociación de Abogados por la Democracia y los Derechos Humanos; Maria Luisa Martin Abia, abogada española miembro de la Asociación Internacional de Abogados Democráticos y de la Asociación de Abogados por la Democracia y los Derechos Humanos y Lieven De Cauter, filósofo, profesor de la Universidad de Lovaina, cofundador del Tribunal Internacional sobre Iraq y presidente del Tribunal BRussells.

2.- Los miembros del BDP, que ostenta representación en el Parlamento turco con 36 diputados, han sido criminalizados y encarcelados con el pretexto de pertenecer al Sindicato de Comunidades de Kurdistán (el KCK), un grupo que el Estado turco afirma ser la rama urbana del PKK, el Partido de los trabajadores Kurdos. Véase Nota de prensa: Delegación internacional de observadores al juicio de Ayşe Berktay, en Turquía
*Imán Ahmed Jamás, escritora y periodista iraquí afincada en España, es miembro de la delegación internacional a Estambul en apoyo de Ayşe Berktay.

 Fuente: Enviado por la autora a IraqSolidaridad y  Tribunal BRussells.

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