El principio de precaución puesto en práctica. Contra la aceptación de las armas de uranio empobrecido

Coalición Internacional para la Prohibición del Uranio Empobrecido, 1 de octubre de 2012
IraqSolidaridad

Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Nadia Hindi y Paloma Valverde
Edición: IraqSolidaridad

La traducción que presentamos a continuación es un resumen realizado por los autores de su propio informe, el cual va dirigido a los responsables políticos y activistas y valora la aceptabilidad de las armas de uranio empobrecido mediante las interpretaciones más comunes del principio de precaución. Se plantea si el criterio de precaución debe aplicarse al uranio empobrecido y si su uso podría ser compatible con los valores de precaución.
[El texto completo en inglés, en formato pdf, está disponible aquí]
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Bombas de racimo

Bombas de racimo

Introducción
Las armas de uranio empobrecido han supuesto una controversia añadida a los arsenales de armas convencionales desde que se iniciara su desarrollo con la Guerra Fría. En los últimos años la oposición a su uso ha variado en intensidad, aunque esta oposición ha tendido a estar estrechamente relacionada con el despliegue de las armas de uranio empobrecido en los conflictos bélicos. Sin embargo, a lo largo de todo este periodo ha quedado claro —gracias a los debates parlamentarios y, más recientemente, a los proyectos de ley, mociones y resoluciones adoptadas— que el uso de munición con uranio empobrecido es, para la mayoría de las personas, esencialmente inaceptable.

La estigmatización de las armas inhumanas e inaceptables ha sido clave para extender el alcance de los tratados internacionales que prohíben las minas antipersona y las bombas de racimo. Sin embargo, mientras el uranio empobrecido ha mostrado, hasta cierto punto, como un arma autoestigmatizada — las pruebas de ello han quedado claramente demostradas por las enérgicas estrategias promocionales de sus defensores—, la dificultad de establecer una relación causal entre su utilización y las consecuencias en los seres humanos requiere un enfoque diferente al que se ha aplicado históricamente a las armas explosivas para poder juzgar su aceptabilidad.

A lo largo de los últimos tres años, la Coalición Internacional para la Prohibición del Uranio Empobrecido (ICBUW en sus siglas en inglés) ha aplicado el enfoque preventivo sobre diferentes aspectos de lo que sigue siendo un problema complejo: desde lo que se sabe sobre el uranio empobrecido como material y cómo se regula en tiempos de paz, hasta cómo y dónde se utiliza en los conflictos, cómo se gestiona tras la finalización de los conflictos y, lo más importante, los cálculos de costes y beneficios con relación a su utilización.

El objetivo de este informe es analizar los resultados de la investigación de la ICBUW sobre la prevención, así como, ese es nuestro deseo, proporcionar a los legisladores medios accesibles para valorar la aceptación del uso del uranio empobrecido en las armas convencionales.

¿Un papel para la prevención?
“[…] Cuando una actividad representa una amenaza dañina para la salud del ser humano o del medio ambiente, las medidas cautelares se deben tomar a pesar de que algunas relaciones de causa y efecto no estén completa y científicamente establecidas.”Comisión Europea.

Desde el principio, la ICBUW ha considerado que cualquier enfoque preventivo exigiría una evaluación exhaustiva de las propiedades del uranio empobrecido, la naturaleza de su utilización en los conflictos y las limitaciones en la gestión de la contaminación tras el conflicto. Además, considerábamos que las indicaciones de las líneas a seguir debían derivar de una evaluación crítica del coste sobre la población civil y sobre los gobiernos afectados, así como de los beneficios que los ejércitos reclaman por su utilización.

Ejemplos tomados del Derecho medio ambiental, del Derecho humanitario internacional y de la Convención sobre municiones de racimo demuestran que, aunque en el mundo no se ha aceptado legalmente ninguna interpretación del principio de prevención, el pensamiento y los enfoques de prevención se han generalizado en los ámbitos pertinentes y en los campos relativos a la ley y a las normas.

En tiempos de paz, el punto de vista preventivo es ahora la norma para reducir la exposición del hombre a las sustancias peligrosas. A medida que el legado del uranio empobrecido perdura más allá del final de los conflictos, es razonable sugerir que tal enfoque está justificado de cara a proteger la salud humana. Sin lugar a dudas también se pueden extraer lecciones de cómo los gobiernos gestionarían las emisiones de uranio empobrecido a gran escala en virtud de sus propios marcos normativos nacionales.

La ICBUW considera que actualmente se dispone de las suficientes pruebas para ir más allá del umbral de lo plausible, es decir, que a pesar de que puedan quedar ciertas dudas, se conoce lo suficiente acerca de la naturaleza de los riesgos potenciales para la población civil y de los costes de la no actuación, para apoyar la adopción de un enfoque preventivo.

La ICBUW no es la única que aboga por enfoque basado en la prevención. La Royal Society de Reino Unido propuso una serie de medidas preventivas en respuesta a las dudas científicas que surgieron a raíz de la detallada investigación sobre los potenciales efectos del uso de uranio empobrecido en la salud. Del mismo modo, el Programa medio ambiental de Naciones Unidas, tras su investigación en las zonas de los Balcanes en las que se atacó con uranio empobrecido, hizo un llamamiento específico para llevar a cabo una labor preventiva mediante programas de sensibilización sobre los riesgos y la descontaminación. En 2010, en un informe dirigido al Secretario general de Naciones Unidas, se volvió a realizar el mismo llamamiento. La OMS también publicó una serie de directrices preventivas de cara a reducir los riesgos para la población civil en las zonas en las que se ha utilizado uranio empobrecido.

Efectos del uranio empobrecido. (Dr. Jenan Hassan)

Efectos del uranio empobrecido. (Dr. Jenan Hassan)

¿Es un peligro el uranio empobrecido?
“[…] el Ministerio de Defensa [británico], basándose, entre otros, en los informes de la Royal Society, no considera que el uranio empobrecido sea ‘seguro’. Es peligroso (considerando la distinción aceptada entre salud y seguridad y los conceptos de peligro y riesgo)”. Dr. Liam Fox, Ministro de Defensa del Reino Unido, 2011.

La toxicidad química y la radioactividad del uranio empobrecido se reconocen como peligrosas cuando se combinan con su tendencia a la combustión y a formar partículas de un tamaño que hacen que se inhalen en la respiración. El uranio empobrecido se ha estudiado en profundidad y se han llevado a cabo gran cantidad de investigaciones —muchas de ellas a cargo de los militares estadounidenses— que indican que el uranio empobrecido puede tener un impacto sobre la salud gracias una variedad de diferentes mecanismos químicos y de radiación inducida. Gran parte de estas investigaciones son posteriores a la muy citada monografía de la OMS sobre los riesgos del uranio empobrecido y al estudio de la Royal Society de Reino Unido.

Al ser desechos radioactivos de nivel medio, su almacenamiento, uso, transporte y eliminación está muy regulado en tiempos de paz. Las normas civiles de protección frente a la radiación intentan evitar, siempre que sea posible, exposiciones innecesarias así como que cualquier exposición debe estar justificada sobre la base de unos beneficios mayores.

A través de programas de sensibilización sobre los riesgos y llevando a cabo el control sanitario necesario, el ejército ha adoptado un punto de vista preventivo para evitar las exposiciones innecesarias al uranio empobrecido. Quienes están en relación con el uranio empobrecido se enfrentan a retos considerables cuando se ven obligados a actuar dentro de las regulaciones sanitarias y medio ambientales en tiempos de paz.

Por lo tanto, parece que la naturaleza intrínsecamente peligrosa del uranio empobrecido está aceptada, y que su dispersión descontrolada o accidental en el medio ambiente se considerada de manera generalizada como algo no deseado.

Descontrolado e impredecible. Factores que influyen en los riesgos para la población civil por el uso del uranio empobrecido
“[…] En las guerras las circunstancias varían enormemente y son tan indefinibles que hay que valorar una amplia gama de factores, especialmente a la luz de las simples probabilidades”.Carl von Clausewitz.

El uso del uranio empobrecido conlleva dudas significativas, y a pesar de que su resolución sea improbable, algunas de ellas se pueden evitar, —por ejemplo, la oportuna publicación de los datos buscados o evitar el uso del uranio empobrecido en zonas civiles— aunque la mayoría de estas dudas tienen más que ver con la propia naturaleza de las armas y su modo de utilización. Esto provoca una gran variabilidad en los riesgos probables en los diferentes lugares en los que se han producido ataques con uranio empobrecido, lo que plantea el riesgo de afirmaciones generalistas, que a menudo se esgrimen con el fin de desechar los temores respecto a la contaminación por uranio empobrecido, y subrayan la importancia de la recopilación de datos específicos y el análisis de los riesgos en cada zona.

La reciente utilización del uranio empobrecido ha sido en zonas pobladas, lo que ha provocado que los civiles tengan que enfrentarse a la contaminación provocada por armas diseñadas para escenarios militares muy distintos. El hecho de que no haya mecanismos internacionales establecidos para financiar y llevar a cabo los trabajos de limpieza del terreno, reafirma el hecho de que los civiles se enfrentan a un mayor riesgo de exposición. El temor a la radiación, particularmente cuando existe un vacío de información o falta de confianza, aumenta la probabilidad de politización del uso de uranio empobrecido que, a su vez, reduce la probabilidad de que se pueda realizar una campaña efectiva de sensibilización sobre los peligros que entraña. Incluso en las raras ocasiones en las que la contaminación con uranio empobrecido se gestiona adecuadamente, el legado psicológico que deja perdurará en las comunidades afectadas.

La liberación descontrolada de uranio empobrecido en situaciones de conflicto no sólo viola las normas de protección frente a la radiación, sino que además representa un desafío para los ‘diseñadores’ de riesgos. El riesgo de la exposición civil a los residuos de uranio empobrecido se incrementa notablemente por factores que, en cierta medida, son constantes en el medio ambiente del postconflicto. La capacidad institucional, la experiencia técnica, el disponer de equipos de análisis, los recursos económicos limitados y una serie de problemas medio ambientales y sanitarios compiten en importancia; todos ellos suponen retos para los intentos de remediar de manera segura la contaminación con uranio empobrecido y la aceptación de su uso.

Cuantificar el riesgo y dar respuesta a las dudas
“[…] La falta de pruebas científicas sobre la existencia de una relación de causa-efecto, una relación cuantificable entre dosis-respuesta o una evaluación cuantitativa de la probabilidad de la aparición de efectos adversos tras la exposición, no se debe utilizar para justificar la falta de acción. Comisión Europea.

Los requerimientos actuales para mantener la aceptación de las municiones recubiertas uranio empobrecido han tenido como resultado la proyección de un punto de vista simplista respecto a los peligros que sobre la salud representa el uranio empobrecido.

Los datos sobre la toxicidad química del uranio están ilustrados con muchos estudios anteriores al desarrollo de los métodos analíticos modernos. La misma ciencia de la toxicología está actualmente en situación de renovación, puesto que pretende aportar datos más complejos y detallados sobre las sustancias. Del mismo modo, los avances recientes en la comprensión de los medios por los cuales la radiación interactúa con los procesos celulares y los mecanismos de reparación han puesto de manifiesto que el modelado de la dosis estimada y de los límites seguros de exposición a la radiación interna están cargados de incertidumbre. En gran medida resulta sorprendente cómo desde el descubrimiento de la radiación los límites establecidos de exposición [máxima] se han ido reduciendo. Aunque hayan sido políticamente útiles para enviar un mensaje claro sobre la seguridad del uranio empobrecido, la ciencia no los apoya.

Las dudas y las lagunas en los datos necesarios para llevar a cabo una evaluación detallada de los riesgos del uranio empobrecido para los civiles parecen haberse traducido en la caracterización precisa del riesgo imposible. Como resultado, hay razones de peso para pensar que se ha sobrepasado el umbral de precaución.

Así como la incertidumbre sobre la caracterización precisa de los riesgos no se debe utilizar para justificar la falta de actuación, los usuarios no deben interpretar la ausencia de datos epidemiológicos detallados en Iraq y en otros lugares para apoyar el uso actual de las armas con uranio. Los Estados que utilizan uranio empobrecido raramente mencionan la complejidad de este tipo de estudios pero les son muy familiares a los médicos e investigadores que han buscado la verdad sobre el daño potencial que las municiones de uranio empobrecido provocan a los civiles.

Costes y beneficios
“[…] El análisis de los pros y los contras no se puede reducir a un análisis económico de los costes y beneficios. El alcance es mucho más amplio e incluye consideraciones no económicas. […] La protección de la salud pública debería, sin lugar a dudas, tener un peso mucho mayor que las consideraciones económicas.” Comisión Europea.

Un análisis de los costes y los beneficios del uso del uranio empobrecido considera la utilidad de las armas lanzadas contra la salud, la carga psicológica y de gestión que imponen a los Estados afectados, los costes del ciclo de vida asociado con la fabricación, el desarrollo y las pruebas y, finalmente, la aceptación pública de la utilización de materiales radiactivos en armas convencionales estratégicamente exagerada.

La práctica de los Estados y las recientes decisiones de contratación, parecen apoyar la afirmación de que su utilidad se ha exagerado, debilitando así la justificación principal promovida por los Estados para apoyar el uso del uranio empobrecido. Contrariamente a las esperanzas de quienes utilizan el uranio empobrecido, la aceptación del público respecto a esta sustancia no ha aumentado con el tiempo, una tendencia que no es probable que cambie mientras se llevan a cabo más trabajos para documentar su legado en los Estados afectados y se realizan más investigaciones sobre la interacción del uranio empobrecido con el cuerpo humano.

A pesar de que los ejércitos de Estados Unidos y el Reino Unido parecen haber aprendido algunas lecciones a raíz de las preocupaciones sobre las potenciales consecuencias del uso de uranio empobrecido en la salud de las tropas y de la población civil, sería ingenuo esperar que esas lecciones se tomen en cuenta en las decisiones futuras sin presión externa que les exija hacerlo, ya sea una presión política o una obligación legal.

¿La precaución puesta en práctica?
“[…] Si en la Conferencia de Armas de 1979 se hizo una propuesta para la prohibición del uso de uranio empobrecido debería haber margen para considerar si debemos proponer, como alternativa, restricciones en el uso de dichas municiones […] Las dificultades, en términos de verificación, de una propuesta de este tipo son, por supuesto, considerables. Oficina de Asuntos Exteriores y de la Commonwealth del Reino Unido.

Los problemas descritos a lo largo de este informe son intrínsecos a la naturaleza del uranio empobrecido y a su modo de utilización en las armas, por lo tanto no hay soluciones tecnológicas rápidas que podrían resolverlos. Los modelos de los enfoques preventivos que se sugirieron en el pasado ponen demasiado peso en las opiniones legales y en los controles voluntarios sobre el comportamiento adecuado, lo que la práctica estatal anterior sugiere que serviría de poco para limitar los problemas más graves asociados con el uso de uranio empobrecido. Una regulación más estricta podría ser una posible vía a explorar, pero esto requeriría un nivel de transparencia que, hasta ahora, no ha existido.

Por lo tanto, es razonable concluir que una moratoria voluntaria, que aunque potencialmente útil como parte de un proceso para la futura estigmatización de las armas de uranio empobrecido, no sería lo primordial en medidas de prevención, a pesar de una prohibición mundial del uso de uranio en todas las armas convencionales.

Como tienen mucho que perder con la prohibición de las armas de uranio empobrecido, es comprensible que históricamente los ejércitos hayan intentado influenciar al máximo en la discusión sobre su aceptabilidad. Sin embargo, esta es una situación moralmente insostenible, ya que es poco probable que quienes utilicen el uranio empobrecido entreguen voluntariamente un medio de guerra que consideran valioso. Sin embargo, cuando esas armas afecten de manera abrumadora a todos aquellos que no son parte en un conflicto, y les siga afectando mucho después del cese de las hostilidades, ello planteará cuestiones de aceptación moral y política; preguntas que aquellos que tienen un interés creado en mantener las armas de uranio empobrecido no están en situación de responder.

El uranio empobrecido es un asunto complejo y polémico. Sin embargo, para todos los argumentos científicos y técnicos hay un principio muy simple en juego: ¿Es políticamente aceptable en una guerra convencional lanzar grandes cantidades de un metal pesado, químicamente tóxico y radiactivo, que la mayoría de las personas reconoce como peligroso?

A lo largo de nuestra investigación sobre uranio empobrecido, la ICBUW ha sido consciente de la aparición de un área temática más amplia relacionada con el impacto humanitario y medio ambiental del legado tóxico de las actividades militares, lo que ha incluido los medios a través de los cuales los componentes se evalúan respecto al comportamiento tóxico y medio ambiental antes de su uso, el papel de los enfoques preventivos para la salud de la población civil debido a las limitaciones en el control e intervención posterior a los conflictos y la asistencia; la necesidad de una capacidad analítica y de soluciones por parte de los expertos para gestionar los restos tóxicos de la guerra y, por último, un reconocimiento de la responsabilidad estatal respecto al legado medio ambiental y sobre la salud debido a las sustancias tóxicas liberadas o abandonadas durante el conflicto. La aceptación por parte de los Estados de la necesidad de resolver estos asuntos podría ser un resultado positivo en el desarrollo y utilización de las municiones de uranio empobrecido.

Recomendaciones
1. Adoptar una política preventiva
Basándose en el potencial dañino sobre la población civil, el uso histórico de municiones de uranio empobrecido en zonas civiles y contra los bienes de carácter civil, y los costes y las dificultades técnicas inherentes a su solución, los Estados deberían apoyar los llamamientos para adoptar una política preventiva respecto a las armas de uranio empobrecido y considerar seriamente la posibilidad de una moratoria voluntaria de su uso.
2. Una mayor comprensión del daño que recae en la población civil
Puesto que el daño está perfectamente documentado, los Estados deben reconocer que los riesgos para la población civil debido al uso de las municiones [con uranio empobrecido] no se limitan a los riesgos de explosión. El control de la salud y el legado medio ambiental de las sustancias tóxicas y radiactivas es un reto, por lo tanto, las soluciones de deben buscar en la prevención sanitaria y en las normativas nacionales vigentes de protección medio ambiental.
3. Proporcionar asistencia técnica y humanitaria
Los usuarios de uranio empobrecido y los Estados afectados deben reconocer su obligación de proteger a los civiles del legado del uranio empobrecido tras el conflicto. Una mayor transparencia respecto a dónde se han utilizado las armas y en qué cantidad, es de la máxima urgencia como un primer paso hacia la aplicación de medidas globales para la reducción de los riesgos y la descontaminación. La comunidad internacional debería prestar ayuda técnica y económica a los Estados afectados, tanto para los programas de salud como para ayudar en la evaluación y en la gestión eficaz de los materiales contaminados.
4. Evaluación de otros materiales y prácticas
Como parte del desarrollo de un marco normativo para la protección de los civiles durante y después de las situaciones de conflicto, los Estados deberían considerar una gama más amplia de materiales militares y prácticas que pueden provocar la contaminación del medio ambiente y cuyo legado perdura más allá del cese de las hostilidades. También se deben de tener en cuenta los mecanismos para financiar y llevar a cabo evaluaciones sobre el impacto medio ambiental, el control de la salud y la búsqueda de soluciones para restos tóxicos tras la guerra.
5. Acelerar la eliminación del uranio empobrecido y considerar los mecanismos necesarios para su prohibición
Si, como parece evidente, el uso de munición de uranio empobrecido se opone tanto a la aceptación pública como a la salud y a las normas de protección radiológica, los Estados deberían acelerar la eliminación de sus arsenales y considerar mecanismos mediante los cuales se prohíba formalmente su uso en armas convencionales.

Texto original en inglés disponible aquí

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