ENTREVISTA. Mohammed Bashar Alfaydhi, portavoz de la Asociación de Ulemas Musulmanes de Iraq

Escrito por Carla Fibla Lunes 26 de Noviembre de 2012 17:04

Transcripción del audio en árabe para AISH: Laila Tellawi
Traducción al español para AISH: Ana Abarquero

Esta entrevista tuvo lugar en Ammán el 26 de septiembre de 2012.

Texto gentileza de AISH

Audio original en árabe:

«La resistencia no había decidido todavía enfrentarse al Gobierno. No descarto esta posibilidad, estamos estudiándola».

«Necesitamos por lo menos apoyo político y mediático y un sitio en el que los dirigentes de la revolución puedan apoyarse».

«Nosotros contactamos con muchos jóvenes para que, tal y como ha ocurrido en los países árabes mediante Facebook, formen un gran movimiento popular».

La Asociación de Ulemas Musulmanes de Iraq (ASMI, por sus siglas en inglés) está preparada para una nueva fase de la revolución iraquí. Su portavoz, Mohammed Bashar Alfaydhi, lo explica con claridad al reconocer que forman parte del movimiento popular que se organiza en las calles y que hay zonas del país que podrían estar controlando. A la vez que manifiesta que Iraq lleva casi 10 años sufriendo muchas bajas como para no intentar atar bien los cabos antes de dar pasos definitivos.

El enemigo ya no es Estados Unidos, aunque su presencia no haya desaparecido completamente, sino Irán y el Gobierno de Nuri al-Maliki que impiden que el país recupere su soberanía.

¿Cómo describiría la evolución del levantamiento popular que comenzó también en Iraq en 2011?

Desde las últimas elecciones, en 2010, hemos dejado clara nuestra postura: rechazamos el proceso político. De ello hemos hablado con los medios de comunicación, que nos preguntaron: «¿Cuál es la solución? Si rechazáis el proceso político, ¿cuál es entonces la solución?». A esto contestamos que el pueblo tiene soluciones: desobediencia civil, manifestaciones… y que cuando llegue el momento, el pueblo desempeñará su papel; eso fue en el año 2010. Desde aquel momento dijimos públicamente a todos los grupos iraquíes, que al pueblo ya no le queda más opción que articular un movimiento general popular para conseguir el cambio. Esto fue antes de que comenzase la primavera árabe. Cuando esta se inició en Túnez y la gente empezó a cosechar los frutos del movimiento, se fue contagiando a otros países y el pueblo iraquí estaba igual que ellos, influido por esa vía para derrocar regímenes. Entonces utilizamos los éxitos de estos pueblos para convencer al nuestro de la necesidad de iniciar un movimiento popular. Le decíamos: mirad Túnez, el pueblo ha triunfado con pocas víctimas, y lo mismo en los otros países, mientras que nosotros tenemos más de un millón de muertos y no habéis dicho nada. Pagáis a plazos, con vidas y dinero. Si hubierais llevado a cabo una revolución habríais perdido mucho menos.

No es un secreto —y quizás sea la primera vez que digo esto— que nosotros contactamos con muchos jóvenes para que, tal y como ha ocurrido en los países árabes mediante Facebook, formen un gran movimiento popular.

¿Qué relación tiene la Asociación de Ulemas Musulmanes de Iraq con esos jóvenes? ¿Cómo se coordinan?

Como sabes, en Iraq hubo un gran movimiento social el 25 de febrero de 2011: 16 provincias —de un total de 18— se alzaron. Trabajábamos para esa fecha, y antes también, y planeábamos una revolución como la de Túnez. Pero no lo conseguimos por numerosos motivos, ya que nuestras circunstancias son diferentes de las de aquel país. En primer lugar, nosotros estábamos, y aún hoy seguimos, bajo la presión de la ocupación estadounidense y bajo el mando de un Gobierno que es un gran aliado de Estados Unidos. Mientras veíamos como todos los medios de comunicación internacionales —árabes y extranjeros— apoyaban la revolución tunecina, nadie secundaba la iraquí. El pueblo de Iraq se movió con fuerza y llegó hasta las Zonas Verdes. Se podía haber derrocado al Gobierno en aquel momento, pero al-Maliki trató con dureza la revolución con la bendición de Estados Unidos.

Cuando algún mártir caía en cualquier revolución, ya fuese Túnez o Egipto, todos los medios de comunicación se ponían como locos. Pero en Iraq caían decenas y centenares y nadie lo mencionaba. Otra cuestión era que el entorno árabe no estaba a favor de la revolución, como gesto de cortesía también hacia la postura de Estados Unidos. En cuanto a Irán, apoyaba al Gobierno y observamos que miembros de la Guardia Revolucionaria supervisaban la represión de la revolución iraquí.

Fue la revolución iraquí nacional por excelencia, porque participaron todas las facciones, etnias y religiones. Suníes, chiíes, cristianos y kurdos —y de otras provincias— asistían a la plaza Tahrir de Bagdad y todos declaraban su rechazo a la injusticia. Pero el pueblo se sentía solo en la plaza y comprendió que los cambios demandados no llegarían con rapidez. La revolución fue perdiendo fuerza durante meses hasta que desapareció completamente y las manifestaciones dejaron de producirse cada viernes.

Nosotros, por nuestra parte, apoyamos esta desaparición por varios motivos. Primero, porque no queremos que nuestro pueblo pierda demasiado; segundo, porque vimos que la situación no parecía estar todavíamadura para que la revolución consiguiese sus objetivos con rapidez. No es que la revolución no estuviesemadura, sino que las condiciones internacionales y regionales no eran las idóneas. Vivimos en una parte de un todo, y si no nos apoyan es difícil que tengamos éxito. Mira Siria: todo el mundo apoya a Siria.

¿Esperan la ayuda de los países árabes o un apoyo por parte de la comunidad internacional?

Nosotros dependemos de las capacidades de nuestro pueblo, y solo de ellas. Pero sí, esperamos que haya apoyo árabe, porque así acortaremos el camino. Necesitamos por lo menos apoyo político y mediático y un sitio en el que los dirigentes de la revolución puedan apoyarse. Por ejemplo, ahora Siria tiene un Consejo Nacional en Turquía, pero al pueblo iraquí no se le permite crear el suyo. Por eso el apoyo regional es para nosotros de vital importancia.

¿Qué le hace pensar que a los países árabes les interesa apoyar el cambio en Iraq? ¿Hay algún signo que haga pensar en esa posibilidad?

Como ya he dicho no vamos a esperar el apoyo, estamos involucrados en la marcha. Pero sí, hay indicios que señalan que la situación en la zona está cambiando. Por ejemplo, el proceso político y los líderes iraquíes recibían ayuda de los países árabes, pero este apoyo disminuyó notablemente. Hay países que han retirado por completo su asistencia. Se ha vuelto evidente para la gente que al-Maliki no representa los intereses de Iraq y que no ha dejado de ser el hombre de Irán en Iraq. Esto hace que la brecha entre él y los árabes se haga cada vez más profunda. Y no solo esto, durante nuestras visitas a los países árabes, supimos también que ellos perciben el proceso político no como un proyecto iraquí, sino iraní en todos sus rasgos. Sabemos esto desde hace tiempo y hace años que lo denunciamos ante los líderes árabes. Pero parece que seguían sin convencerse después de 9 años, después de un millón de mártires, después de cientos de miles de detenidos… ahora se han convencido. Mejor tarde que nunca.

¿Hasta qué punto hay unidad en el pueblo iraquí para emprender un cambio como el que plantea? ¿hasta qué punto están involucrados los iraquíes en el exilio, como la asociación que representa?

Creemos que el pueblo iraquí, a pesar de todo lo que ha pasado, todavía es sólido y tiene que haber unidad en Iraq. Las revueltas que tuvieron lugar el 25 de febrero de 2011 fueron para nosotros un gran logro. Quizás no alcanzaron su objetivo principal pero al mismo tiempo se consiguieron otros objetivos importantes. Como cuando se desenmascaró a al-Maliki y todo el mundo pudo ver sus verdaderas intenciones después de que los estadounidenses intentasen ocultar sus escándalos. O cuando todo el mundo comprobó que el pueblo iraquí es un único bloque en el que no hay diferencias ni sectarias ni étnicas entre sus ciudadanos, de norte a sur. Las revueltas tuvieron lugar en 16 provincias y los medios de comunicación las retransmitieron. No hubo ninguna consigna sectaria o racial. Todas las pancartas, todas, eran nacionalistas… llamaban a la unidad de Iraq y a la expulsión de los gobernantes corruptos. Hace años que esto ya lo decimos nosotros y no nos creen. Pero después de las revueltas, el mundo se ha convencido de que Iraq todavía permanece unido.

Respecto a tu pregunta sobre qué opinan los iraquíes en el extranjero, debes saber que están más resentidos con el Gobierno que los iraquíes en Iraq, porque a pesar de las injusticias que comete al-Maliki, los iraquíes en el extranjero sufren la amargura del exilio, que para ellos supone un gran dolor. Por eso están tan resentidos con al-Maliki y esperan que todo acabe. En cualquier momento verás un cambio, los iraquíes se unirán para llevarlo a cabo, ya que es lo que todo el mundo desea. Hubo manifestaciones en numerosos países que apoyan la revolución como una herramienta de cambio.

¿Se ha transformado la resistencia contra la ocupación estadounidense en un movimiento que pretende cambiar el sistema por dentro?

Al principio de la ocupación y en los años posteriores teníamos prioridades. Lo más urgente era expulsar de Iraq a los colonos. Todos nuestros esfuerzos estaban dirigidos a apoyar la resistencia. Percibíamos la intromisión iraní y denunciamos la existencia de una peligrosa injerencia, pero nuestra prioridad era la ocupación. Mucha gente —entre ella los estadounidenses— intentó desviar nuestra atención hacia la intrusión iraní, pero lo obviamos. Éramos conscientes de lo grave que resultaba esta intromisión pero nos decíamos: «¿Quién ha permitido a Irán entrometerse? Estados Unidos». Así que decidimos resistir hasta que en el 2006 las milicias empezaron a asesinar y en ese momento alguien dijo: «¡Olvidad Estados Unidos y prestad atención a las milicias!» También rehusamos hacerles casos y nos planteamos: «¿Quién permite a las milicias matar a civiles a plena luz del día con la presencia de las fuerzas estadounidenses?». No caeremos en la trampa ni dejaremos de lado nuestros intereses. Le pusimos un ejemplo a la gente sencilla: si el dueño de unos cultivos tiene un árbol en el que se posan pájaros que se comen el grano, ¿qué hace? ¿echa a los pájaros por la mañana? volverán por la tarde. No es la solución. La solución es arrancar el árbol y así los pájaros no encontrarán un lugar donde posarse. El árbol es Estados Unidos y lo que se posa en él es el proyecto iraní, el proyecto separatista kurdo, el proyecto israelí y otros proyectos —algunos hechos públicos y otros no, algunos conocidos y otros no—. Obama ordenó la retirada de sus tropas y sabemos que tres cuartas partes de las tropas estadounidenses han salido del país y hay un cuarto que todavía permanece. Pero no debemos quitar importancia a la declaración de Obama. No, es importante. Se trata de un compromiso ante el mundo de que no veremos en las calles de Iraq tanques ni aviones, ni Hummers estadounidenses. Es decir, que no habrá hombres armados ni soldados en los callejones y las carreteras. Todos esto ha sucedido así, por eso las actividades de la resistencia casi han cesado… sí… prácticamente.

¿Cómo describiría el poder de ese tercio de soldados estadounidenses que asegura que permanecen en Iraq?

Sabemos que Estados Unidos todavía influye en Iraq y que su embajador tiene un importante papel en el ruedo político. Pero se ha producido un cambio en la balanza. Irán se ha hecho más fuerte e influyente para la toma de decisiones en nuestro país. Este cambio nos pide también que modifiquemos nuestras prioridades: ahora nuestro objetivo es expulsar la influencia iraní de Iraq. No lo conseguiremos si no es mediante una transformación absoluta del país —como las revoluciones de otros países—, porque Irán se ha inmiscuido en todas las instituciones iraquíes: políticas, de seguridad, militares, culturales y sociales. No encontraremos una solución cambiando simplemente de Gobierno o de líderes. Les comentamos a algunas fuerzas árabes que, a lo mejor ahora llega un Gobierno iraquí completo, un equipo nuevo, una tecnocracia con apoyo árabe e internacional. Iraq no va a deshacerse de la influencia iraní, ya que todas sus llaves están en manos de Irán. La revolución popular es la única que acabará de raíz con la influencia iraní y nos dará la oportunidad de depurar las fuerzas de seguridad y las instituciones culturales y económicas. Por eso ahora enseñamos a nuestra gente que no hay otra solución que no sea la revolución.

¿El conflicto sirio les beneficia o les perjudica por tener frontera y estar Irán utilizando Iraq para apoyar al régimen de Bashar al-Asad?

En primer lugar, Siria es considerada uno de los soportes del proyecto iraní en la zona. Si este apoyo se derrumba, el proyecto iraní se debilitará en todo el mundo, en Iraq incluido. En segundo lugar, nosotros y los sirios somos pueblos mezclados: si sigues la línea fronteriza entre Siria e Iraq, a ambos lados, las tribus son las mismas. En el ámbito geopolítico seguro que Siria influye en Iraq . Nosotros necesitamos que esto suceda; además el mensaje para los iraquíes será que el proyecto iraní ha empezado a desgastarse y eso les dará esperanza. Cuando el pueblo sirio logre un cambio, los iraquíes serán los siguientes, porque la fuerza del Gobierno en Iraq no es como la de Siria. Necesitamos todos estos mensajes para que nuestra gente se convenza, porque es precisa la revolución hasta lograr el éxito. Creemos que se ha superado la primera fase con éxito. Si hubieras visto la manifestación iraquí contra el Gobierno… Después de la revolución, el Gobierno pasó a estar más confuso, más perdido, por eso decimos que el levantamiento no ha terminado, solo ha comenzado y ahora la segunda fase está en proyecto. No descarto que veamos en Iraq procesos similares a los que se producen en Siria y que quizás ya hayan comenzado. Es decir, observamos que algunos grupos de la oposición ya han iniciado sus movimientos en su enfrentamiento contra el Gobierno iraquí. Por ejemplo, en Mosul, el Ejército de los Muyahidines declaró —cuidado con la expresión— que darían la vida por enfrentarse al Gobierno, y esto es nuevo. Hace algunos meses dije a un periódico sueco que, a pesar de que en Iraq habían cambiado las circunstancias, según la información que manejamos, la resistencia no había decidido todavía enfrentarse al Gobierno. No descarto esta posibilidad, estamos estudiándola. Lo que sucedió sugiere que algunos grupos han tomado ya una decisión sobre ese asunto.

Algunos analistas apuntan que en Iraq también se está creando un ejército libre similar al sirio, ¿está de acuerdo?

El Ejército Libre de Siria es otra historia. Hay quien intenta aprovechar lo que ha sucedido en Siria para trasladar la experiencia a Iraq. Supongo que existen grupos de mercenarios —pagados desde el extranjero— que pretenden repetir esta experiencia en Iraq.

Pero, ¿les consta que en la resistencia en la que participan haya un ala militar similar a la que está liderando la lucha armadas en Siria? ¿podría haber algún tipo de colaboración?

Nosotros no creemos que esto sea cierto. Iraq y Siria son diferentes. En Siria no había resistencia, así que tuvieron que formar el Ejército Libre, pero Iraq no necesita un ejército libre. Tiene grupos —además de cargos del ejército— que resistieron la presión de una nación poderosa. Por lo que, ¿qué necesidad hay de que se forme un ejército libre? Lo que hace falta es determinar si nos enfrentamos al Gobierno y lo consideramos el vestigio de la ocupación. Como le dije a un amigo: «No hay tomada una decisión sobre una posible oposición militar al Gobierno, porque una disposición de ese tipo no es fácil, significa enfrentar a iraquíes con iraquíes y la resistencia evita derramar sangre iraquí.» Pero como ya he dicho, lo que pasó ayer y la declaración de una de las facciones más numerosas del Ejército de los Muyahidines indica que, por lo menos, ellos han decidido encarar al Gobierno.

¿Podrá esta decisión extenderse a todos los grupos?

Sí, esto es lo que quiero decir. En los próximos días nos revelarán si el resto de facciones irá por el mismo camino o no. Esperamos la respuesta de la gente, aún no hay una declaración por parte de los grupos de la resistencia.

¿Existe un mando único que agrupe a la resistencia iraquí?

Los grupos de la resistencia en Iraq no están coordinados bajo una organización única. Se trata de un conjunto de organizaciones y cada una de ellas tiene un liderazgo y unos asesores, pero todas comparten los mismos objetivos. Por ejemplo, tenemos datos que indican que mientras Estados Unidos estaba presente,  los grupos de la resistencia actuaban juntos; a pesar de ser grupos independientes en cuanto a la organización, algunos de ellos eran afines [ideológicamente]. La naturaleza del conflicto con los estadounidenses obligó a estos grupos a trabajar sin un liderazgo unificado, porque Estados Unidos es una superpotencia y tiene mucha experiencia en el tratamiento de la resistencia de los pueblos. Si esa resistencia se hubiese unificado habría resultado muy fácil para los estadounidenses acabar con ella. La diversificación todavía se da hoy día, pero no descarto que en un futuro próximo haya un único liderazgo porque la naturaleza de la contienda haya cambiado.

En un futuro cercano, ¿cómo ve la situación política de Iraq? ¿Qué factores podrían llevar al cambio real interno?

Planeamos el futuro, ese es nuestro deber. Puede que suceda tal y como está diseñado o puede que no. Nosotros planteamos que, tras el comienzo de la segunda fase de la revolución, se instaure un Consejo Nacional, las facciones de la resistencia y los oficiales del ejército iraquí sean parte de él; que este organismo incorpore a diversas personalidades iraquíes, escogidas con mucho cuidado según su credo, etnia e historia. Aquellas personalidades que tengan su propia trayectoria política nacional y no se hayan dejado influir por el ocupante ni por el Gobierno tendrán un asiento en el Consejo. Y, como ya he dicho, habrá asientos reservados para los grupos de la resistencia y para los oficiales del ejército iraquí.

¿También tendrán un papel las mujeres iraquíes?

Pues bien, esta es una participación sencilla. El Corán dice: «¡Aquellos que creéis!» Los exégetas dicen que esta aleya no se refiere solo a los hombres, sino también a las mujeres. Cuando dije personalidades nacionales no quería decir solo hombres.
Tenemos un plan desde hace años, objetivos intermedios y metas primordiales. Si haces un seguimiento de nuestra actividad política puedes ver con claridad esas etapas. Decíamos por ejemplo: «¡Los americanos se irán!» y se fueron. Ahora decimos: «¡Tenemos que expulsar a los iraníes y derrocar al Gobierno!» y trabajamos día y noche por esto. En la última fase será cuando se cree un Gobierno nuevo. Primero, Consejo Nacional; segundo, Gobierno de transición; tercero, elecciones.

¿Cuándo sabrán que ha llegado el momento de actuar, de llegar hasta el final?

Nosotros vamos dando lentos pasos porque no queremos correr riesgos. Créeme, ahora mismo podemos derrocar a gobernantes regionales, pero, ¿qué pasa después? No queremos poner en peligro a nuestro pueblo. No tenemos miedo de al-Maliki ni de su ejército, porque sabemos que este es muy débil, pero somos conscientes de que derrocar al Gobierno supone una confrontación directa con Irán, que es un país grande. Entrar en guerra con él puede tener consecuencias imprevisibles, por eso buscamos el apoyo regional árabe. Si el problema fuese solo al-Maliki no necesitaríamos apoyo de nadie. La resistencia luchó contra Estados Unidos sin ayuda alguna. Pero con Irán es diferente, es un país vecino con el que compartimos 1400 km de frontera y que tiene influencias por todos lados. Enfrentarnos a él será complicado por eso esperamos el momento en el que el mundo árabe se decante por nosotros. Creemos que este momento es inevitable. Siria ha evidenciado el odio de Irán hacia los árabes, pero estos saben que la batalla contra la influencia iraní no está en Siria sino en Iraq. Por eso he dicho que nosotros no esperamos a Siria, nos apoyamos en nuestra gente y damos los pasos que hemos planeado. Pero si los árabes nos ayudan alcanzaremos nuestro objetivo con rapidez y con las menores pérdidas posibles.

¿Ningún país árabe está colaborando ahora con la resistencia iraquí?

Aunque supongamos que hay un apoyo, a eso no se le puede llamar como tal, porque para serlo debe ser eficaz. Te aseguro que no hay una ayuda árabe de este calibre, luchamos solos y afrontamos los duros acontecimientos solos. Con toda sinceridad, los árabes no hacen nada por temor a Estados Unidos.

Usted se ha referido en algunas publicaciones al «proyecto iraní», ¿puede explicar en qué consiste y cuál cree que es su alcance?

El proyecto iraní comenzó con la llegada de Jomeini y la Revolución Islámica. Pero lo que sabemos de Irán es que exportó su proyecto nacional y se aprovecha de su halo religioso. Por eso —por el proyecto— Irán toma medidas contra el islam y en Iraq ha actuado de forma improcedente, ha hecho cosas que ni los israelíes han llevado a cabo en Palestina. Si su proyecto es islámico, ¿por qué ha cometido este tipo de actos? Su proyecto es nacionalista persa y busca polarizar el mundo y dominar la región. Por supuesto, nosotros como iraquíes no vamos a permitir que nos conviertan en la llave de este proyecto. Conoces la historia, la lucha entre nosotros e Irán viene de lejos; incluso antes del islam ya había conflicto.

¿Se refiere a un proyecto global?

Las victorias y las influencias en todo el mundo. Irán influye en países árabes como Iraq, Siria, Líbano, Emiratos Árabes, Kuwait, Arabia Saudí, Yemen o Bahréin. En Europa también, en zonas que hasta a mí me han sorprendido, como Suecia, Noruega, España. ¡En todos lados! hasta en Estados Unidos. Esto es un indicio claro para quien quiera vigilar el progreso del proyecto iraní.

¿Qué papel desempeña Iraq en el proyecto iraní que plantea?

Iraq es el punto de partida del proyecto iraní o su fin. Si Líbano y Siria se hubieran alejado de la influencia de Irán pero no Iraq, el proyecto iraní continuaría. Algunos jefes militares extranjeros afirmaron una evidencia hace tiempo: «Quien posee Iraq posee el mundo».

Entonces ¿la resistencia, de la que forma parte su asociación, está combatiendo ese proyecto iraní y a sus simpatizantes en el interior del país?

Irán e Iraq son países vecinos y así seguirán. Para ser sincero, no conviene que cualquier futuro Estado convierta a Irán en su enemigo de por vida. Definitivamente, nosotros vamos a necesitar en la primera década tras la liberación —o quizás en las dos primeras— que la distancia entre los dos sea amplia. Porque esta lejanía es imprescindible para erradicar la influencia iraní. Sí, el cometido es difícil y el futuro Gobierno tendrá que actuar con filosofía cuando negocie con Irán, porque tratar con este país es muy complicado. Si revisamos la historia encontramos que después de la intromisión iraní en Iraq y durante décadas ha existido un completo boicot.  Creo que esto es lo que va a suceder. De todas formas, a Iraq no le conviene hacer de Irán su enemigo permanente.

Fuente: http://www.aish.es

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