Iraq: Guerra sucia planificada

Arnaldo Musa
Cubasí, 2 de febrero de 2014
IraqSolidaridad, 6 de febrero de 2014

 

¿Cuántas veces hemos tratado de explicarnos lo que pasa en Iraq? ¿A dónde conduce tanto terror ciego desatado tras la formal retirada militar estadounidense?

 

Lo cierto es que todos estos ataques terroristas a diestra y siniestra, sin la firma de los ejecutores, recuerdan lo sucedido años atrás en El Salvador, cuando la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos utilizó a escuadrones de la muerte para aplastar el entorno civil de la resistencia y su proyecto integrador, cuestión que fracasó con el arribo del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional al poder por vía electoral.

Pienso que no solo se trate de esta opción, sino que está ligada a otra más íntima, propia de los sectores fundamentalistas más recalcitrantes y que deriva a una limpieza étnica asociada a gobiernos de países vecinos para fracturar Iraq.

Cada vez más amplio y brutal es lo que está sucediendo con toda esta aparente anarquía terrorista que está aún por aclararse, pero que, debido a su amplitud y brutalidad extrema, solo puede explicarse mediante la utilización de escuadrones de la muerte que gozan de un respaldo por encima del gobierno de turno, probablemente dirigidos desde el inmenso búnker de la embajada de Estados Unidos en Bagdad.

Muchas veces se hace referencia a que las compañías de seguridad privadas tienen hasta 50 000 mercenarios extranjeros contratados en Iraq, que actúan con toda impunidad para eliminar cualquier cosa que considere un peligro; pero menos a la proliferación de cuerpos de seguridad integrados por milicias sectarias o redes mafiosas, creados igualmente por compañías privadas de seguridad y que rinden sus servicios a ministerios, autoridades locales y embajadas.

Estos cuerpos paramilitares o parapoliciales estarían, junto a las propias fuerzas de seguridad formales, tropas de ocupación y servicios secretos de terceros países, detrás de los mencionados escuadrones, y están vigentes por lo menos desde hace casi ocho años, o sea, no es un mal de ahora.

El especialista Carlos Varea hace notar que docentes, intelectuales, profesionales —particularmente médicos— y periodistas, representantes comunitarios y religiosos, dirigentes y militantes de organizaciones sociales —incluido el movimiento de mujeres— y más recientemente civiles anónimos, son sus principales víctimas.

Servicios de Seguridad

El actual gobierno iraquí rechazó las acusaciones de que unidades especiales de la policía estaban perpetrando torturas y ejecuciones sumarias de civiles secuestrados, y le echó la culpa a un denominado Servicio de Provisiones de Seguridad (SPS), especialmente a su Batallón 16, de ser responsable de «asesinatos sectarios, explosiones y ataques con mortero».

El diario estadounidense The Washington Post recordó que el SPS fue creado poco después de la agresión e invasión encabezada por Estados Unidos mediante la Orden 27 de la Autoridad Provisional de la Coalición el 4 de septiembre de 2003.

Es decir, Washington creaba «una organización de cuerpos entrenados, armados y uniformados, encargados de proveer de seguridad a oficinas ministeriales y gobernaciones, infraestructura gubernamental, y localizaciones estáticas bajo dirección y control de ministerios gubernamentales y de las administraciones provinciales». La Orden establece la contratación directa y no centralizada de los miembros de estos cuerpos de seguridad, «­que irán armados- y podrán detener sospechosos, efectuar registros y usar la fuerza, cuando sea razonable y necesario bajo las circunstancias, incluido causar la muerte, si se ven obligados en el ejercicio de las misiones asignadas».

El SPS pasó de 20 000 miembros en octubre del 2003 a 70 000 en febrero del 2004, y hoy se estima que hay más de 146 000 hombres armados sirviendo en sus distintos cuerpos en Iraq, que carecen de «mando central, supervisor o pagador» unificados. Estas fuerzas custodian unas 4 000 dependencias e infraestructuras gubernamentales—incluida la red de oleoductos y la eléctrica— y sedes diplomáticas, además de las fronteras y puertos, siendo ya la mayor fuerza armada del país.

La cifra indicada no incluye a los integrantes de la nueva policía iraquí o del nuevo ejército, la denominada Guardia Nacional, que conjuntamente suman unos 250 000 efectivos.

Su número superaría así ampliamente al que se estima tienen las organizaciones paramilitares de Badr y del Ejército del Mahdi, del clérigo as-Sáder, unos 25 000 y 10 000 integrantes, respectivamente, grupos que, por otra parte, integran algunas de las unidades del SPS, por ejemplo, la fuerza armada del Ministerio de Transporte, en manos de la corriente de Sáder.

Un responsable estadounidense de la formación de los cuerpos de seguridad iraquíes, el teniente coronel Michael J. Negard, afirmaba recientemente que Estados Unidos nunca ha tenido control sobre esas milicias privadas, obviando que muchas de ellas colaboraron con las tropas de ocupación en la custodia de edificios e instalaciones.

Por lo cual, como sucede ahora, es realmente muy difícil establecer la diferencia entre tales fuerzas y la policía, entre crimen y corrupción, en esa aparente anarquía que no es más que una guerra sucia planificada.

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